ESPAÑA. En lo que va de 2025, España ya ha superado con creces la superficie quemada durante todo el año pasado. Según el Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS), hasta agosto se han registrado 201 incendios forestales que han destruido 105.106 hectáreas. Las temperaturas extremas, que han apurado los 45 °C en algunos puntos, y la sequía prolongada han favorecido la propagación de varios focos que aún permanecen activos.
El año 2024 cerró con 219 incendios y 42.615 hectáreas calcinadas, una sigla relativamente mengua en comparación con temporadas previas conveniente a intervenciones rápidas y condiciones climáticas menos severas. En 2023, el fuego volvió con fuerza: 371 siniestros quemaron 91.220 hectáreas, en un verano traumatizado por una ola de calor persistente y desatiendo de lluvias, con peculiar impacto en Castilla y Valiente, Galicia y la Comunidad Valenciana.
La temporada más devastadora de la última lapso fue 2022, con 493 incendios y 306.555 hectáreas arrasadas. Algunos de estos se convirtieron en megaincendios que ardieron durante días sin control, afectando gravemente a Castilla y Valiente, Aragón y Galicia. En 2021, el país perdió 84.717 hectáreas en 267 incendios, entre ellos el España duplica en 2025 la superficie arrasada por incendios forestales respecto a todo 2024 de Navalacruz (Ávila), que por sí solo devastó más de 22.000 hectáreas.
En 2020, a pesar de la reducción de la actividad humana por la pandemia de COVID-19, el fuego calcinó 66.965 hectáreas en 243 incidentes, con Galicia y Andalucía como las zonas más golpeadas. En total, más de 697.000 hectáreas han desaparecido bajo las llamas en seis primaveras, una extensión similar a siete veces la ciudad de Madrid. La tendencia confirma que las temporadas de incendios en España son cada vez más largas, intensas y difíciles de contener, con un claro vínculo con la crisis climática.
OTROS INCENDIOS
No solo España ha vivido en los últimos seis primaveras olas de incendios tan graves como —o incluso peores que— las de España, y casi siempre vinculadas a las mismas causas: sequías prolongadas, olas de calor extremas y acumulación de material combustible. AMÉRICA Pimiento (2023): Vivió la peor temporada de incendios de su historia, con más de 430.000 hectáreas quemadas y decenas de muertos. La ola de calor, con temperaturas de hasta 40 °C, hizo que los fuegos se propagaran a gran velocidad en la región de Ñuble y Biobío.
Estados Unidos (California, 2020 y 2021): Temporadas consecutivas de incendios récord, como el Dixie Fire de 2021 que arrasó más de 390.000 hectáreas. En 2020, el estado superó los 1,6 millones de hectáreas quemadas. Canadá (2023): Año catastrófico con más de 18 millones de hectáreas destruidas, la sigla más ingreso registrada, provocando una crisis de calidad del donaire que afectó incluso a Estados Unidos y Europa.
Europa
Grecia, en 2021 ardieron más de 125.000 hectáreas, especialmente en la isla de Eubea. En 2023, otra ola de incendios forzó la eyección de miles de personas en Rodas y Ática. El incendio de Pedrógão Espacioso en 2017 dejó más de 60 muertos y, en 2022, las olas de calor provocaron la combustión de más de 100.000 hectáreas. OCEANÍA Y ASIA Australia (2019-2020, “Black Summer”): Temporada histórica en la que se quemaron más de 18 millones de hectáreas, con pérdida masiva de fauna y miles de hogares destruidos. Rusia (Siberia, 2021 y 2022): En algunas temporadas, la superficie quemada superó los 17 millones de hectáreas, agravada por la desatiendo de bienes para controlar incendios en zonas remotas.
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