Un condado geográfico determinado suele dividirse, a mercancía electorales, en distritos o circunscripciones electorales que son las unidades electorales en las cuales los votos son transformados en escaños y estos atribuidos a los partidos políticos concurrentes. Carencia impide que se utilice un único distrito para todo el condado, aunque no es lo habitual.
Una de las distorsiones que se producen a la hora de especificar las circunscripciones electorales, es la disparidad entre el número de electores y el número de escaños a disputar, a eso se refirió Maurice Duverger como una de las desigualdades de hecho en la representación que trastocan el principio del sufragio igualitario.
Para ilustrar esta situación, Duverger expone el caso hipotético de dos circunscripciones que eligen un diputado cada una, la primera con 50,000 electores y la segunda con 100,000. En ese supuesto, en teoría, cada votante tiene un solo voto, sin retención, los votos de los electores de la primera pesan el doble que los de la segunda, ya que en la primera puntada aventajar los 25,000 votos; mientras que, en la segunda, incluso habiéndose obtenido una votación superior, tal circunstancia podría no ser suficiente, ahogando la representación de una parte significativa de los electores que se concentran en las circunscripciones más pobladas.
La circunstancia previo ocurre sobrado en las circunscripciones electorales dominicanas, muchas de las cuales están conformadas por cuantía de poblaciones muy disímiles y en casi todas ellas se elige un número de representantes sobrado similar, encima escaso, generalmente dos.
Lo resaltante de esta anomalía es que los legisladores electos tienen las mismas prerrogativas, los mismos atributos e idéntica capacidad representativa. La dicotomía y contradicción surge por reproducción espontánea.
Es inconcebible que un funcionario que asume un cargo de sufragio popular en nombre de una cantidad extraordinariamente viejo que otro, tenga el mismo nivel de representatividad. Esto evidencia una clara distorsión en la representación política.
Lo previo se ha afirmado desde la perspectiva de los elegidos, otro tanto ocurre desde el prisma de los electores. Existe una diferencia fundamental entre un conglomerado social que, conformado por un número mucho viejo de electores, tenga una capacidad de nominar el mismo representante que aquel que tiene menos.
Todo esto tiene un impacto ineludible en la calidad de la representación y en la gusto electoral de los votantes. Por ser lo que sucede en el país, esto reviste una gran trascendencia en el sistema electoral dominicano.






