Por HUMBERTO CONTRERAS VIDAL.
La pechuga de pollo que, aún estando en la fresquera, cambia de color y adquiere un olor desagradable debe tirarse a la basura inmediatamente. El cambio de color y de olor de cualquier alimento es una evidencia científica que asegura que ese alimento ha sufrido una transformación química.
En el caso de la pechuga de pollo, el olor desagradable implica que en la carne se ha iniciado un proceso de descomposición. La descomposición se produce porque la carne se ha contaminado con bacterias (microbios).
Los microbios actúan sobre las proteínas de la carne y la transforman en cadaverina, putrescina e histamina. Estas sustancias orgánicas químicamente son aminas y están directamente relacionadas con el renombrado olor a “muerto” o carne putrefacta. Así como, en universal, al olor a materia orgánica en descomposición. La histamina es la sustancia que provoca sarpullidos, taquicardia y problemas respiratorios. Es una de las sustancias claves que están asociadas a procesos alérgicos.
¿Por qué cocinar la carne no resuelve el problema?
La sola presencia de las bacterias que provocan que se dañe la carne igualmente añade la aparición de otras sustancias tóxicas. Estas sustancias tóxicas y las aminas antaño mencionadas son termoestables. Esto significa que, aunque la cocción mate las bacterias, las sustancias tóxicas generadas previamente por las bacterias y las aminas antaño indicadas, quedarán presentes en la carne cocinada.
Esto explica porque la carne descompuesta que es cocinada e ingerida, tiene un sabor diferente aunque se le haya sazonado con todos los ingredientes del mundo. Y que por lo universal, provoca los síntomas de las reacciones alérgicas antaño indicadas, y los vómitos y diarrea que son una consecuencia de las toxinas que fueron producidas por las bacterias.
En pocas palabras, y dicho de otra forma, a la temperatura ordinaria de cocción se pueden eliminar las bacterias de una carne contaminada. Sin bloqueo, no se pueden eliminar ni las toxinas ni las aminas termoestables que fueron producidas por esas mismas bacterias cuando actuaron degradando las proteínas de la carne.
¿Cómo podemos evitar la descomposición de la pechuga de pollo?
Aunque existen muchas recomendaciones, si usted quiere engullir una pechuga de pollo, lo ideal es que compre la cantidad de carne fresca que vaya a consumir, la cocine y se la coma toda de una vez –en un sólo momento-.
Refrigerar durante 4 ó 5 días, la pechuga de pollo, en la parte debajo del congelador, que es la parte más fría de la fresquera, no garantiza que la pechuga se mantenga en buen estado. Aún en los supermercados, con mayores controles de la prisión de frío que a nivel doméstico, con un par de días se puede observar cómo la pechuga de pollo va perdiendo ese color vivo que grita que la pechuga está fresca “Carne fresca”.
Congelarla sería una opción no deseable correcto a que no todos sabemos cómo congelar y descongelar una carne. En la habilidad se cometen muchos errores cómo congelar y descongelar para utilizar sólo la cantidad que se va a consumir y luego retornar a congelar. No todos los recipientes son adecuados para congelar. La manipulación continuada de un mismo alimento, en el tiempo, le suma en cada momento una carga bacteriana. Por todas estas razones, se reitera que, lo más recomendable es que se cocine la pechuga fresca y se consuma inmediatamente.
Recomendaciones finales
Sabemos que duele tener que tirar el caudal que ya se ha pagado. Recuerda que sale más caro sufrir una intoxicación alimentaria que pone en peligro tu lozanía.
Siquiera se te puede ocurrir echar esa carne podrida a perros, gatos, ni ninguna clase de animal propio o realengo. La carne que daña a un ser humano igualmente daña los animales que nos acompañan. Cualquier alimento podrido debe ir directamente a la basura. Por conciencia, cuida que esa basura no esté al gravedad de ningún animal.
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