Con frecuencia escuchamos ese calificativo en forma despectiva para referirse a las acciones inadecuadas e imprudentes de un ser humano.
Deborah Legorreta en su obra “ La Segunda Adolescencia” nos recuerda que el termino punto viene del latín maturus que significa “ aquello que estaba en un punto mayor de avance”.
Estamos hablando no del avance físico completo que cierto alcanzo a los 21 primaveras, no, a lo que me refiero es a cómo evoluciona el pensamiento, las capacidades emocionales de un sujeto para ejecutar con mejores resultados en un ámbito y civilización determinada.
Algunas personas pasan de verdes a podridos y sus amigos dicen, “el no maduró, desde chiquito fue un desastre”.
Hurgando en Wilkipedia encontré una definición que me pareció interesante del proceso de maduración de un individuo y la comparto con mis lectores: “Una persona es emocionalmente madura, cuando ha desarrollado en su pensamiento y en su conducta, actitudes que la hacen pasar el infantilismo y las aplica tanto cerca de su persona como cerca de el medio que la rodea”.
Que característica tienen los seres humanos maduros?
Tomo las ideas que siguen de una enseñanza que se utiliza en las escuelas públicas de Los Angeles (EU) en su clase sobre los títulos.
Veamos:
1.- Acepta con reconocimiento que se le critique y aprovecha esas críticas para superarse.
2.- No se entrega a la autocompasión ( “ no se coge pena”) y suele, en sus juicios y títulos, equilibrar las cosas ( compensa).
3.- Nunca dilación de los otros un trato de singular consideración.
4.- Sabe controlar los ataques de mal ingenio.
5.- Afronta las emergencias con serenidad.
6.- No se deja herir fácilmente en sus sentimientos.
7.- Acepta la responsabilidad de sus propios actos sin escudarse en excusas.
8.- No se va a los extremos ( “ to e to y na e na”), sino, que aplica el acordado medio frente a los conflictos.
9.- No se impacienta frente a un retraso del otro o al incumplimiento de alguna tarea que depende de los demás.
10.- Sabe perder. Acepta derrotas y las decepciones sin quejas ni lloriqueos.
11.- No se preocupa exageradamente por las cosas que no puede remediar.
12.- No es entregado a fanfarronear ni a exhibirse en acciones socialmente inaceptables.
13.- Se alegra sinceramente frente a el éxito o la buena suerte de otros. Ha superado los sentimientos de envidia y de celos.
14.- Tiene suficiente amplitud mental para escuchar reflexivamente la opinión de otros.
15.- No escudriñamiento continuamente defectos en otras personas.
16.- Planifica con anticipación sus acciones en vez de confiarse en la inspiración del extremo momento.
17.- Se considera como parte integral de un todo que es la humanidad y se preocupa por contribuir positivamente en los grupos de los que relaciona.
No todos maduramos a la misma vida , se dice, “que los tropezones hacen consolar los pies”.







