Cada año, del 26 de enero al 9 de marzo, República Dominicana celebra el Mes de la Nación. Es un tiempo de memoria y de títulos cívicos, que inicia con el nacimiento de Juan Pablo Duarte y culmina con el de Francisco del Rosario Sánchez.
La celebración incluye, encima, el 25 de febrero, nacimiento de Ramón Matías Melladura en 1816, y el insigne 27 de febrero, que evoca la tinieblas del 1844 cuando fue proclamada la Independencia Doméstico y que, por lo tanto, es asimismo el Día Doméstico de la Bandera, la cual ondeó por primera vez en aquel momento.
Esta entrevista imaginaria a la estado exploración escuchar la voz de sus fundadores y fundadoras, hombres y mujeres que, con sanidad, corazón y sumario, nos heredaron la ciudadanía.
En esta conversación idealizada, la estado nos director por “el trayecto del sol, oriundo de la tinieblas” para recordarnos que la soberanía es un comisionado vivo con el que siempre debe sobrevenir un compromiso de honor. Aquí la entrevista:
1. República Dominicana, ¿cómo recuerda usted aquel 27 de febrero de 1844?
Todavía retumba en mi aurícula el estruendo del trabucazo de Melladura, que fue campana de confianza más que pólvora. Regalo la fe sembrada por Duarte, la voz firme de Sánchez proclamando mi inicio y las manos de Concepción Bona, que me dieron mis primeros colores. Ese día dejé de ser tierra sometida y me convertí en nación soberana.
2. ¿Qué significó que hombres y mujeres “con alma y con corazón” se levantaran contra el coyunda haitiano?
Significó la demostración de que la independencia no es un regalo, sino una conquista. Cada paso cerca de mi confianza fue tejido con sacrificio y esperanza. María Trinidad Sánchez entregó su vida para que yo viviera, y próximo a ella muchas mujeres sostuvieron mi causa. Yo soy el fruto de esa entrega y mi bandera tricolor ondea como declaración de que la dignidad vale más que la vida misma.
3. ¿Qué ocasión ocupan Duarte, Sánchez y Melladura en su memoria?
Ellos son mis padres. Duarte me dio visión, fe y pasión; Sánchez me dio voz y coraje; Melladura me dio el disparo que anunció mi inicio. Pero asimismo guardo en mi memoria a Rosa Duarte, que preservó la historia de su hermano y de mis luchas, y a todas las mujeres que, desde la sombra, fueron luz para mi confianza. Sin ellos y sin ellas, yo no existiría como república.
4. Abriles más tarde, Gregorio Luperón la defendió a usted en la Guerrilla de la Restauración (1863-1865). ¿Qué significó ese seña?
Luperón me devolvió la soberanía cuando otros intentaron arrebatarla. Con él aprendí que la confianza debe cuidarse siempre, porque los imperios nunca dejan de espiar. Y próximo a él, mujeres como Josefa Antonia Perdomo y tantas restauradoras sostuvieron mi causa, demostrando que la defensa de la estado es tarea compartida.
5. ¿Qué mensaje daría usted hoy a sus hijos e hijas?
Que recuerden que la independencia no es sólo un hecho histórico, sino una tarea diaria. Que me honren con honradez, educación, responsabilidad y solidaridad. Que no olviden que fui liberada “con alma y con corazón”, por patricios y patricias, y que sólo con alma y corazón puedo seguir siendo librado.






