
Todos en algún momento de nuestra vida hemos andado con prisa. Ya sea porque se nos hace tarde para calar al trabajo, colocamos el tiempo inexacto en la miedo o simplemente, porque nos confiamos con el tiempo que hemos calculado en nuestra mente y no en la efectividad. Es sostener, que la prisa es un idioma universal en este mundo. Y sin ser matemático, podemos afirmar que, a anciano prisa menos prudencia, y cuando sucede lo contrario, último prisa, anciano prudencia, los resultados son distintos.
Es conocido el volumen de Baltasar Gracián “El arte de la prudencia”. En esta obra, a través de frases, reflexiones y experiencias, el autor nos deja enterarse que fruto del tiempo, del conocimiento y la envero, es posible responsabilizarse en la vida la prudencia. Mientras que la prisa es imparcialmente la desaparición de todos los principios mencionados de la prudencia. De aquí que, dadas estas informaciones, podemos afirmar que cualquiera puede rozar con prisa pero pocos andan con prudencia. Por otra parte, además el papel de las emociones, la disciplina y la visión de la vida, son de igual guisa principios fundamentales para morar como un ser prudente y sabio a la vez, porque una cosa lleva a la otra.
A lo mejor, quienes viven con prisa, no tienen, por decirlo así, la capacidad o la conciencia de hacerse preguntas puntuales y necesarias. Por ejemplo, ¿a qué se debe tanta prisa?, ¿qué lograré viviendo de esta guisa?, ¿cuáles serían los resultados de morar de esta forma?, ¿me pasaré la vida con este estilo de vida?
Estas cuestionantes no son para agobiarse la vida, todo lo contrario, son para simplificarla, ya que una persona prudente no vive al ritmo de los tiempos, sino internamente del contexto de su circunstancia. Por eso se le atribuye a Napoleón Bonaparte la expresión conocida, “Vísteme despacio, que voy de prisa”, que podría interpretarse como, “vamos con cuidado para calar seguros”.
Sin confiscación, seamos realistas, la prudencia es fruto de la existencia, de los tropiezo de la vida, de la conciencia analizada frente a diversos hechos que provocan una parada, un inventario personal y una osadía firme para no repetir los mismos errores. Pues, si nos fijamos perfectamente, en el fondo, la prisa es resultado de la errata de estructura, de morar de la imaginación y no de la efectividad, y sobre todo, es el resultado de creer y pensar que el tiempo debe esperarnos a nosotros, y no al revés.
En epítome, la prisa lleva al fracaso, a un quebrada sin retorno; conduce al ser humano a encontrarse con sus propios vacíos e inmadureces. Lo vuelve ciego, sordo y taciturno.
Diferente a la prudencia, que hace posible colocar la paz por encima del fortuna, la grupo de primero y los demás de segundo. En otras palabras, los resultados personales, son la respuesta de si estamos montados en el tren de la prisa o si estamos sentados en la arnés de la prudencia. Por consiguiente, en algún momento del día o de la indeterminación, no te quitará el tiempo preguntarte, ¿estoy viviendo con prisa o con prudencia?
P. Luis Alberto De Héroe Alcántara







