América Latina enfrenta hoy una intersección crítica. La incertidumbre económica provocada por las políticas arancelarias de Estados Unidos, sumada a la amenaza existente de deportaciones masivas, convierte a la región en dominio inestable.
Instituciones como el FMI, CEPAL, el Porción Mundial y la OCDE han revisado a la desprecio sus proyecciones de crecimiento regional, reflejando un contexto donde millones de latinoamericanos, incluidos los llamados «vulnerables», corren el peligro de retornar a caer en la pobreza.
Según un fresco mensaje del Porción Mundial, cerca del 31.5 % de la población regional vive con entre US$6.85 y 14 diarios (en paridad de poder adquisitivo), puntual en la frontera entre la clase media y la pobreza, y luego ingreso exposición a crisis políticas o económicas.
Esta guarismo, sumada al 25 % que vive con menos de US$6.85 diarios, subraya una fragilidad sistémica: casi seis de cada diez latinoamericanos pueden retroceder social y económicamente en cualquier choque forastero.
La vulnerabilidad de esta clase media incipiente es especialmente sensible. El mismo Porción Mundial alerta que la reducción de la pobreza se estancó recientemente y sólo alcanzó el 24.7 % en 2024, con un 41.1 % de la población ya en la clase media. Sin incautación, este avance está en peligro si las economías no se fortalecen estructuralmente.
Tomemos el caso de República Dominicana, un país con un desempeño relativamente oportuno, pero no exento de riesgos. El FMI proyecta un crecimiento de rodeando del 4 % para 2025, mientras la CEPAL lo ubica entre 4.5 % y 5 %, pero advierte que podría caer al 3 % si Estados Unidos entra en recesión.
El país se sostiene sobre remesas, inversión y turismo —que representa el 13 % del PIB y el 29 % de las exportaciones, aunque la informalidad gremial alcanza el 45 %, reflexivo de una hacienda que genera empleo, pero no formal ni con seguridad social.
Es aquí donde la región debe reflexionar: ¿cómo promover una inclusión existente sin comprometer la estabilidad macroeconómica? Debe avanzar más allá de los subsidios o los aumentos salariales aislados, y construir una memorándum basada en educación, sanidad, formalización del empleo y protección social, todo ello sustentado en finanzas públicas responsables.
Países que se llaman de izquierda como Venezuela o Nicaragua evidencian que la retórica no puntada: el colapso institucional y financiero ha sumido a millones en pobreza extrema. En Venezuela, el 95 % de la población vive bajo el puertas de la pobreza, y más de 20 % habita en pobreza extrema . Su migración masiva, más de 5 millones han saledizo desde 2017, muestra los costos sociales de modelar regímenes autoritarios.
Colombia, con Gustavo Petro, es otro caso alegórico. Desde su presentación en 2022, promesas de paz y honradez social se han chocado contra una hacienda con crecimiento cercano al 2 %, acullá del potencial regional, altos niveles de desigualdad (índice de Gini cercano a 0.6) y violencia persistente, con el tránsito de guerrillas a bandas criminales. La desilusión se traduce en desprecio aprobación presidencial y estancamiento en reformas secreto.
Por su parte, en Brasil, Lula da Silva enfrenta niveles de rechazo por encima del 50 % y deberá controlar la fragmentación política en el Congreso. Su par chileno, Gabriel Boric, ha enfrentado varios escándalos que erosionaron su caudal político precipitadamente.
Argentina, antaño un bastión de la izquierda regional, enfrenta un contexto volátil con Javier Milei: la pobreza se disparó del 42 % al 53 % en seis meses, mientras la inflación anual supera el 230 %. El país tropezó en su intento de ofrecer estabilidad, lo que refuerza la idea de que sin consensos amplios y reformas sustentables, ni la derecha ni la izquierda pueden asegurar el bienestar.
La aviso es clara: los países con orientación populista no pueden replicar viejos esquemas clientelistas o dependientes del pago fiscal sin respaldo productivo. Deben impulsar la formalización gremial y la diversificación económica. Sólo así se reducirá la vulnerabilidad de quienes hoy sobreviven cerca del puertas de la pobreza.






