Ser dominicano implica alinearse con el color de nuestro equipo de béisbol privilegiado. Para quienes vivimos la época de los tres equipos tradicionales-Licey, Escogido y Águilas Cibaeñas, las gorras y vestimentas eran azules, rojas y color mamey, respectiva mente. Más tarde surgió el equipo de las Estrellas Orientales, con el verde como color representativo.
La pelota invernal comienza en octubre y culmina a principios del año posterior, por lo que la temporada deportiva coincide con el periodo navideño, caracterizado por festejos musicales y comidas en Nochebuena y Año Nuevo.
En esta ocasión, agregaremos a la mezcla el ingrediente de la crisis haitiana y las repercusiones nacionales de las repatriaciones de cientos de criollos extradita- dos desde Estados Unidos por carecer de la documentación le- gal que les permita trabajar y existir permanentemente en la tierra de Lincoln.
En esa combinación de alegría, ansiedad, incertidumbre, esperanzas y sueños se reparten los sentimientos de la gran grupo
dominicana. Dependiendo del categoría social en el que nos desenvolvemos, contaremos con los medios financieros, emocionales y culturales para afrontar la sinceridad existencial del día a día. Empresarios, microempresarios, hacendados, empleados públicos y privados, profesionales liberales, militares, obreros y campesinos expresan sus opiniones acerca del presente y el futuro.
Cada uno narra la verdad tal como la percibe desde su zona en la escalera socioeconómica. El detención funcionario contempla el panorama desde su cargo, mientras que el tendero informal juega a la rifa de la suerte.
Todos y todas se funden en medio de las emociones que surgen cuando nuestro equipo conecta un cuadrangular. Nos re- tiramos tristes del estadio cuando vemos caer nuestras esperanzas con el tanteador que anuncia el out 27 sin hits ni carreras anota- das para nuestro conjunto. Así de triste luce la mesa de Nochebuena frente a la marcha de uno de nuestros seres queridos.

Observamos con honda preocupación el agravamiento de la crisis en la vecina nación haitiana.
No se logra estabilizar un régimen político que represente genuina- mente a las distintas fuerzas sociales y políticas que conforman aquella república. La inseguridad ciudadana es una constante perpetua, y servicios básicos como salubridad, educación, transporte y protección están prácticamente ausentes en Haití.
Adicionalmente, existe la amenaza de deportación de medio millón de haitianos que residen en Estados Unidos.
Este postrero delegado representa una carga explosiva que, sin duda, tendrá repercusiones directas en el demarcación dominicano. Posiblemente, se genere un éxodo con destino a la parte este de la isla. ¡Ojalá tal presagio se mantenga solo como una remota posibilidad!
Mantengamos la fe y unamos esfuerzos para que la temporada de béisbol y las brisas navideñas no se vean afectadas por la tormenta haitiana. ¡Que las campanas de la paz y del acto sexual inunden nuestros corazones, contagien todo nuestro entorno y se expandan por el mundo!






