En apariencia inofensiva e inocua, ´That girl´ no es solo un ideal lujoso al que aspirar, sino que asimismo es una manifestación de la civilización de la hiperproductividad.
En la sociedad coetáneohay una obsesión por ser cada vez más y más productivos y, por ello, toda actividad realizada —ver series, practicar deporte o hacer planes— debe ser una inversión para seguir produciendo. En síntesis, se ha generado una novelística donde trabajar es poco “bueno” y descansar poco “malo”.
Productividad, hiperproductividad mi hiperactividad
Antaño de adentrarnos en la civilización de la hiperproductividad, Soraya Sánchez Ruizpsicóloga sanitaria y neuropsicóloga, apunta a EFE la importante diferencia entre productividad mi hiperproductividad.
La primera es “un estado del individuo pragmático y adaptativo mediante el cual investigación alcanzar sus objetivos y metas de una forma equilibrada y saludableoptimizando el uso de los medios que tiene disponibles”.
Por otro banda, la hiperproductividad “implica una obsesión por la extracción de resultados, motivada por el miedo al fracaso y la ansiedad que esto genera”.
Sin secuestro, para Sergio Torrejón Pérezdoctor en sociología e investigador estudiado del centro de investigaciones sociológicas, el término adecuado para describir este aberración social sería civilización de la hiperactividad.
Lo explica así: “Se comercio de utilizar casi cada momento del día: ya sea para trastornar en formaciónpara rendir más en el trabajo, para construir una lectura mejor de nosotros mismos o para acumular experiencias y formas de consumo que nos proporcionan identidad y sentido de pertenencia al congregación”.
La sociedad hiperproductiva/hiperactiva

En las comunidades occidentales actuales, a través de varios cambios, se ha difuminado la raya que separaba el ser activos, trabajar y alcanzar objetivos; y la obsesión por no estar, constantemente, realizando una actividad, produciendo.
Para Torrejón Pérez, “la consolidación del individualismo y la centralidad que ha adquirido el discurso de la meritocracia” son las razones más destacadas que explican la consolidación de la civilización de la hiperproductividad/hiperactividad.
“Entreambos fenómenos ponen el acento en la agencia individual y en el mérito y esfuerzo personales como fundamentos secreto que explican la posición social y económica que alcanza cada cual. De este modo, cada franja horaria se convierte en una potencial inversión en uno mismo“, continúa.
Ahora, tener tiempo soberano o disfrutar de un momento de refrigerio ya no es un fasto; tener la dietario llena y no detener, sí lo es. Porque, cuanto más hacemos, cuanto más producimos, más valencia social adquirimos.
En palabras de la psicóloga de la clínica Soraya Sánchez Ruiz: “Vivimos en una sociedad donde se premia la productividad constante y los resultados, lo cual nos lleva a una sociedad cansada que aparenta no estarlo para encajar”.
Es sostener, “se nos valida e integra si nos movemos internamente de esa productividad establecida“, concreta Sánchez Ruiz.
El papel de las redes sociales

Esta obsesión por la productividad y por estar activos ha sido —y es— alimentada por las redes sociales.
“Los incentivos y la presión para demostrar que uno hace cosas, viaja y acumula experiencias son mayores que en contextos en los que no existía una producción constante de referentes que definen estilos de vida socialmente deseables”, afirma el sociólogo.
Al mismo tiempo, advierte una paradoja: “Las redes nos empujan a estar permanentemente activos, pero en la ejercicio dedicamos una parte del día a actividades improductivascomo el ´scrolling´ (el acto de mover el contenido alrededor de hacia lo alto, debajo o lateralmente en una pantalla digital). Esto sugiere que la hiperactividad no solo es existente, sino asimismo performativa: proyectamos estar más ocupados que nunca, al tiempo que dedicamos más tiempo que nunca a actividades improductivas“.
Los problemas que esconde la hiperproductividad/hiperactividad
En la civilización de la hiperproductividad/hiperactividadel trabajo constante y la utilitario optimización, que enmascaran presiones por alcanzar la perfección, a menudo conducen al agotamiento y a problemas de salubridad.
Entre ellos, autoestima inestable sujeta a los resultados, autoexigencia elevada, hipervigilancia continua, estrés, agotamiento mental, desgaste de la capacidad de permanecer la atención, desasosiego o desconexión emocional.
Y, en los casos más extremos, “puede desembocar en estados continuos de ansiedad e incluso producir depresión por el propio cansancio generado al cuerpo”, de acuerdo con Sánchez Ruiz.
Sobre los riesgos en la salubridad mental que acarrea la productividad extrema, la experta añade: “Si mi cerebro ha llegado a creer que para sobrevivir en esta sociedad debe estar en productividad constanteno vamos a ser capaces de darnos cuenta del estrés y cansancio que esto va generando paulatinamente.
Hasta que las señales del cuerpo no puedan obviarse y aparezcan enfermedades psicosomáticas. O aprendemos a detener, o será el cuerpo quien nos pare”.
No solo esto, sino que asimismo el exceso de productividadde estar “siempre ocupados”, genera una anexión basada en la premio y la garra continuas que dificultan la desconexión de todo aquello que queremos —o debemos— hacer.
Porque el mundo de la hiperproductividad es las de los chicos de la misma moneda: no tolera el refrigerio y, al mismo tiempo, “no permite disfrutar de las situaciones de ocio desde el placer y la calma porque acaban convirtiéndose en obligaciones”, de acuerdo con la psicóloga.
A lo que Torrejón Pérez puntualiza: “La obsesión por estar activos todo el tiempo y no concluir al ganancia de lo que ocurre en redes termina minando nuestra capacidad para descansar, disfrutar del ocio y dirigir la atención alrededor de lo importante”.
La productividad“per se”, no es perjudicial

“No estoy aquí para argumentar en contra de ser productiva, cuidar de una misma y tener rutinas. Pero el bienestar debe ser poco que nos haga percibir adecuadamente. La productividad debería contribuir a tus metas y no ser poco que te haga percibir inferior porque no vives en un vivienda de Instagram o porque no tienes la última cafetera del mercado”, escribía sobre la tendencia ´That Girl´ la usuaria Poorva Misra-Miller en la plataforma de escritura Medium.
Unas declaraciones con las que coincide, con otras palabras, la psicóloga: “La productividad sana es necesaria. El ser humano necesita retos que le muevan. Sin secuestro, es necesario identificar qué límites tiene mi salubridad mental y física. Y esto exige un división de autoconocimiento que nos permita identificar nuestras evacuación reales (no impuestas) y comportarse en coherencia con ellas”. Todo esto teniendo en cuenta que, “para cada persona, el éxito es poco diferente”.
Encima, hay un aberración que está cogiendo fuerza en las primeras semanas de 2026: la dorso a lo equivalente —cámaras digitales, zines o walkmans— por parte de las generaciones que crecieron en el mundo digital. Y esto, para el sociólogo, es un “signo de agotamiento con el propio maniquí”: “Estamos tomando consciencia de que nos han robado parte de nuestro tiempo y atención, y estamos dispuestos a cambiar para recuperarlo”.
por andrea pero situación






