El autor reside en Santo Domingo
POR FRANK VALENZUELA
El sector pesquero de Manzanillo, que en 2021 generó una caudal existente de 421 millones, enfrenta hoy una crisis silenciosa mientras avanzan, sin freno, la ampliación del puerto y la construcción de la terminal de gas natural. Lo que durante décadas sostuvo a cientos de familias costeras comienza a erosionarse bajo el peso de dos megaproyectos que transforman aceleradamente la Bahía sin un fondo existente de compensación.
El Centro Bahía de Manzanillo para el Incremento Regional (CEBAMDER) advirtió que la pesca artesanal —una de las columnas históricas del municipio de Pepillo Salcedo— sufre restricciones progresivas en sus rutas tradicionales, pérdida de accesos históricos de celada y desembarque y una presión acumulativa sobre el espacio marino que reduce su beneficio operante.
El propio Estudio de Impacto Ambiental y Social (EIAS) del esquema Rehabilitación y Ampliación del Puerto de Manzanillo, financiado por el Cárcel Interamericano de Incremento, reconoce impactos derivados del aumento del tráfico oceánico y de las nuevas operaciones portuarias. Sin retención, ese examen no se traduce en un mecanismo financiero proporcional al valencia productivo anual del sector.

A la presión portuaria se suma el esquema de Terminal de Importación, Almacenamiento y Regasificación de GNL y Central Eléctrica de aproximadamente 420 MW, desarrollado por Manzanillo Bay Energy, que introduce una nueva dinámica marítima de buques tanque, zonas de atraque y áreas de pega en espacios históricamente utilizados por la pesca artesanal.
Los 421 millones generados en 2021 no son una guarismo simbólica. Según los datos contenidos en el EIAS del esquema energético, la producción alcanzó 1,693,346 kilogramos ese año, distribuidos entre especies de parada valencia comercial como chillo y pargo; crustáceos como langosta; y moluscos como pulpo y lambí. Solo la langosta generó más de 70 millones.
Entreambos proyectos contemplan programas de encargo ambiental y monitoreo de biota acuática. Sin retención, monitorear no es compensar. Mitigar no es compensar. No existe un fondo equivalente a los RD$421 millones anuales que sostienen la caudal pesquera nave. No hay fórmula de proporcionalidad ni esquema instintivo de reparación frente a pérdida productiva.
Mientras las inversiones portuarias y energéticas se cuantifican en cientos de millones de dólares, el sector carece de garantías estructurales frente a la reducción de su espacio operante. Más de un centenar de pescadores identificados en el Censo Franquista Pesquero 2019 hoy enfrentan restricciones temporales y permanentes en zonas coincidentes con áreas de atraque y tráfico intensificado.
La novelística oficial insiste en encuadrar la afectación como “poco significativa”. Pero esa ojeada ignora el peso asociado de dos megaproyectos convergentes sobre una bahía cerrada, donde el beneficio de desplazamiento para embarcaciones de 15 HP es prácticamente inexistente. La partida de modelación económica acumulativa convierte una advertencia ambiental en un aventura social de parada impacto.
Entreambos proyectos —la ampliación del Puerto de Manzanillo y la Terminal de GNL con su central eléctrica— cuentan con respaldo financiero del Cárcel Interamericano de Incremento, tanto a través de su ventanilla pública (BOF) como mediante BID Invest en el componente privado. Esta condición, según Frank Valenzuela, impone un tipificado superior de responsabilidad territorial que no puede ajustarse a la mitigación ambiental formal.
Cuando se interviene una bahía cerrada con impactos acumulativos, deben garantizarse mecanismos de resarcimiento proporcionales y verificables para los sectores productivos y sociales afectados. No solo está en diversión la pesca, sino el consistencia ambiental, la conectividad marítima, la identidad costera y la sostenibilidad económica del municipio. Sin un fondo estructurado de compensación y reglas claras de reparación, el peso del mejora termina desplazándose injustamente en torno a las comunidades locales.
Valenzuela sostuvo que los componentes ambiental, productivo, social, institucional, de identidad y conectividad territorial no pueden tratarse como variables aisladas internamente de estudios técnicos fragmentados. La transformación del espacio marino impacta simultáneamente la biodiversidad, los medios de vida, la cohesión comunitaria y la gobernanza nave, generando una presión estructural sobre el tejido territorial. Si el financiamiento proviene de un organismo multilateral como el BID, los estándares de debida diligencia deben traducirse en garantías reales de protección y compensación. No baste con monitorear sedimentos o tráfico oceánico cuando el aventura crematístico afecta una actividad que generó RD$421 millones en 2021. La partida de un mecanismo integral de resarcimiento revela una brecha que compromete la licitud social de entreambos proyectos.
El debate ya no es técnico; es territorial. ¿Cómo se protege una caudal que demostró su capacidad de crear millones anuales? Sin compensación directa, reconversión productiva estructurada o seguro jurídica de acercamiento permanente al mar, la expansión portuaria y energética podría sustituir una caudal nave por un enclave industrial desconectado de su comunidad.
La aprieto no es presentar más informes de monitoreo. Es crear un fondo de resarcimiento proporcional, con reglas claras y cobertura sectorial efectiva. De lo contrario, Manzanillo podría convertirse en el ejemplo más evidente de una paradoja doméstico: una región que multiplica su infraestructura estratégica mientras deja extinguir, sin compensación, la actividad que durante generaciones sostuvo su tejido social costero.
JPM
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