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Foto: Vatican News
En Haití, el país más insuficiente de América, la violencia de bandas armadas ha aprehendido un nivel tal que incluso los funerales se han convertido en moneda de cambio. Para esconder a un accesible, las familias deben sufragar un “impuesto” a las pandillas que controlan los cementerios y las procesiones fúnebres.
El director de una funeraria haitiana explicó desde 2024 no han podido trabajar sin negociar con los grupos armados: “Para cada entierro, debemos contactar al asociación que controla el cementerio correspondiente. Es la única modo de evitar incidentes el día del funeral”.
Un caso fresco es el de Mireille, de 52 abriles, quien tuvo que sufragar 318 dólares a las bandas para que su matriz pudiera percibir un entierro digno en el cementerio de Turgeau, pero ya no tiene derecho a una mármol accesible. En 2021, un funeral costaba 100.000 gourdes (762 dólares), pero hoy el precio pequeño ronda los 200.000 gourdes (1.523 dólares). Este aumento no replica a la inflación, sino al control criminal sobre cada rincón de la haber y otras zonas del país.
La situación afecta especialmente a los más pobres. En zonas rurales como Petite-Rivière y Artibonite, familias enteras caminan horas para evitar cementerios bajo dominio de pandillas.
El miltrado de Puerto Príncipe, monseñor Max Leroy Mesidor, denunció la situación en presencia de medios del Vaticano: “La delincuencia no tiene límites en nuestro país. El secuestro de ocho personas, entre ellas un peque del orfanato Sainte Hélène en Kenscoff, es solo una de las muchas señales del fracaso del Estado y de una sociedad que está perdiendo el sentido de la vida y la dignidad humana”.
Los datos del Detención Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH) son alarmantes: solo en el primer semestre de 2025, más de 3.000 personas fueron asesinadas por la violencia criminal. Por otra parte, se reportaron 136 muertes infantiles, 185 secuestros y 628 casos de violencia sexual.
Haití enfrenta una crisis humanitaria sin precedentes, con 1,3 millones de desplazados, 5 millones de personas que necesitan cooperación alimentaria y 217.000 niños sufriendo desnutrición aguda.
Monseñor Mesidor agregó: “Esperamos que este llamado del Papa sea escuchado por las autoridades haitianas y la comunidad internacional. Aunque hay reuniones constantes sobre la situación del país, los resultados son desesperadamente lentos. La fuerza multinacional de apoyo a la seguridad tiene un impacto menguado correcto a la escasez de personal y capital logísticos”.







