Es mucho preocupante el nivel de ineficiencia que evidencian algunas instituciones públicas de la República Dominicana. Resulta contradictorio e indignante que, luego de haberse celebrado los Juegos Escolares Deportivos 2025 en este municipio, una gran parte de las instalaciones deportivas de los centros educativos permanezcan inhabilitadas o en condiciones deplorables. ¿Cómo se explica que ni el Instituto Franquista de Educación Física (INEFI) ni el Empleo de Educación de la República Dominicana dispongan de los bienes necesarios para adaptar y perseverar los espacios destinados al expansión de actividades físicas y deportivas?
La provincia Duarte fue tablado de un evento franquista que implicó una inversión superior a los setecientos millones de pesos (RD$700,000,000). Sin bloqueo, la verdad que se vive en numerosos planteles educativos dista mucho de la imagen proyectada durante la celebración de dichos juegos. Centros como el Asociación Nueva Esperanza, la Escuela Fermín Rosario, la Escuela Antonio Mena Pantaleón y la Escuela Lorenzo Burgos, entre otros, presentan canchas deterioradas, tableros inservibles, verjas en mal estado y superficies que representan un peligro para la integridad física de los estudiantes. En estas condiciones, se limita significativamente la posibilidad de que nuestros jóvenes desarrollen sus habilidades físicas, deportivas y competitivas en un entorno seguro y adecuado.


El deporte escolar no es un postín ni un simple complemento del currículo; es una utensilio fundamental para la formación integral del estudiantado. A través de la educación física se fomentan títulos como la disciplina, el trabajo en equipo, el respeto, la perseverancia y el liderazgo. Cuando las instalaciones no reúnen las condiciones mínimas para la maña deportiva, no solo se afecta el rendimiento físico de los estudiantes, sino igualmente su motivación y su derecho a una educación de calidad en todas sus dimensiones.
Mientras la propaganda y la publicidad pagadas por el INEFI abarrotaban las redes sociales y los medios de comunicación locales y nacionales, mostrando una imagen de éxito y esplendor, en muchos centros educativos la verdad sigue siendo la misma: espacios abandonados, infraestructuras deterioradas y estudiantes que observan desde la distancia una novelística oficial que no se corresponde con su experiencia cotidiana. La brecha entre el discurso institucional y la verdad escolar es cada vez más evidente.
En presencia de la indiferencia exhibida por algunas autoridades locales, regionales y nacionales vinculadas a este tema, resulta amenazador que se normalice esta situación. No es suficiente organizar eventos de gran magnitud si no se garantiza la sostenibilidad y el mantenimiento de las infraestructuras utilizadas. La responsabilidad pública no termina con la clausura de un evento ni con la publicación de fotografías en redes sociales; continúa en el seguimiento, la inversión responsable y el compromiso permanente con la comunidad educativa.
Como ciudadano y músico, me veo en la obligación recatado y profesional de formular la ulterior interrogante: si una parte importante de las instalaciones deportivas de nuestros centros educativos se encuentra en daño total, ¿de qué forma puede el INEFI comunicar al país que los atletas que alcanzaron medallas en los Juegos Escolares desarrollaron sus habilidades en los planteles educativos, cuando estos no cuentan con la infraestructura adecuada para ello? ¿Cómo se construye el futuro deportivo de una nación sin certificar primero las condiciones básicas en las escuelas?
La educación y el deporte deben ir de la mano, sustentados en políticas públicas coherentes, transparentes y orientadas al bienestar verdadero de nuestros estudiantes. Lo contrario no solo debilita el sistema educativo, sino que compromete el expansión integral de toda una gestación.









