En el principio era la mayúscula y la mayúscula estaba en todo y la mayúscula era todo. La mayúscula se esparcía por todo el texto, luego la tierra latina parió varias lenguas, entre ellas el castellano, y la mayúscula dejó de estar en todo, caldo la minúscula y, siendo pequeña, se hizo excelso y estableció su dominio entre las trivio y desde entonces la minúscula está en cada palabra y la mayúscula pasó a ser admirable para marcar nombres y que se cumplan otros mandatos. (Paráfrasis de Juan 1,1-2).
Las trivio mayúsculas son muy anteriores en el tiempo a las minúsculas. La tierra latina, origen del gachupin, solo contaba con signos en mayúscula.
En la contemporaneidad, en nuestra tierraes normativo escribir los números romanos en mayúsculas. Se aprecia en la denominación de los siglos y en los nombres usados por papas y reyes: Juan Pablo II fue el postrero papa del siglo XX y lo sucedió Benedicto XVI, el primero del siglo XXI.
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Como era en el principio la mayúscula, desde hace siglos lo es la minúscula y a la mayúscula le queda que va al principio. La doctrina gramatical en la que se fundamenta este artículo está contenida en el vademécum Ortografía de la tierra española, publicación de la RAE y la Asociación de Academias de la Dialecto Española, Madrid, 2010.
La consulta se centra en el capítulo IV, titulado “El uso de las trivio mayúsculas y minúsculas”.
La minúscula es la forma natural de escribirpero con el paso del tiempo, los académicos de la tierra consideraron que algunas palabras sean diferenciadas y se escriban con la grafema original mayúscula. En esta categoría van primero los nombres propios, de personas, lugares, entidades, títulos de obras literarias y de otras artes.
He ahí la función principal de la mayúscula. Las normas deberían ser uniformes y objetivas, pero el uso de la mayúscula irradia un hechizo que domina a profesionales, magistrados, obispos y embajadores. Todos quieren lo suyo en mayúscula.
El empleo de la mayúscula contra la norma gramatical está relacionado con el temperamento de quien escribe, pero más que eso con su intención, su formación y con su rol en la sociedad. Los rangos y cargos influyen para que una persona emplee trivio mayúsculas al beneficio de la legislatura de nuestra tierra.
La fascinación por la mayúscula se evidencia en todo tipo de escrito: desde contratos y sentencias hasta avisos de instituciones y órganos del Estado. Las mayúsculas innecesarias pueden denominarse: sentimentales, caprichosas, de apego, por ignorancia y enfáticas.
Hay, por supuesto, mayúsculas legítimas o correctas, son las que se aplican de acuerdo con la norma de nuestra tierra. Tenemos reglas muy específicas, por ejemplo, de acuerdo con la posición que la palabra ocupe en el escrito, la puntuación exige su escritura con mayúscula original en los casos siguientes:
1) La primera palabra de un escrito o la que aparece luego de un punto, con independencia que pueda estar precedida de un signo de transigencia de paréntesis, comillas, interrogación o interjección: Quiero charlar contigo. ¿Puedo verte en tu oficina? Espero tu respuesta, me urge.
2) La palabra que sigue a los puntos suspensivos cuando estos cierran el enunciado: Llevamos plátanos, ñames, mandioca, pollos, chuletas,…El sancocho fue éxito.
Las palabras comunes (mujer, origen, pueblo, país, presidente, culto, templo, abogado, dictadura, tiranicidio, héroe, universal, coronel, senador, agricultor, profesor, ingeniero, ministro,…) se escriben con minúscula original, a excepción de que formen una expresión denominativa. Ejemplo: Profesión de la Mujer.
De la Ortografía académica, cito: “Conviene rememorar siempre, sin confiscación, que la mayúscula es la forma marcada y admirable, por lo que se aconseja, en caso de duda, seguir la recomendación universal de utilizar con preferencia la minúscula”. (pág. 446).






