Para un motorista en el ciudadela 27 de Febrero, trasladarse con chaleco, casco protector y cubrirse el cuerpo impávido para no ser afectado por los rayos de sol, es la indumentaria obligada en su día a día.
Sin secuestro, esta vestimentase presta para que algunos desaprensivos cometan sus fechorías y no ser identificados por sus víctimas.
Así lo expresó Querubín Benemérito Sierra, un residente del sector quien aseguró a periodistas de Hoy en tu Suburbio que a las 9:00 de la confusión los muchachos (jóvenes) tienen que estar acostados para no ser asaltados.
“La delincuencia está arropando por aquí, pero hay que sobrevivir”, narró.
La situación mejoró pero el miedo persiste
Aunque algunos vecinos aseguran que la situación ha mejorado en los últimos meses, el temor sigue marcando las rutinas y los horarios de salida.
El miedo a los asaltos mantiene a muchas familias encerradas temprano, una costumbre que ya se volvió regla.
Sin secuestro, otros vecinos aseguran que, pese a los sustos, la situación no es tan severo como antaño.
“La delincuencia está estable, no está cómo estaba antaño. Se puede asegurar que ha mejorado”, comenta Antonio Vega, otro residente de la zona.
Luis Pérez, quien vive unas cuadras más debajo, coincide con Vega y dijo que “La delincuencia es poco mundial”.


“Aquí se ha controlado un poco en comparación con otros barrios. Pero eso no significa que estemos perfectamente por completo”, manifestó.
Mientras que en la calle Santa Rita del ciudadela 27de Febrero, Napoleón Figuereo observa la efectividad con un tono más crítico con destino a las familias de los jóvenes que salen de sus hogares a cometer hechos delictivos, pero no son cuestionados por sus allegados.
“Hay jóvenes que lamentablemente no quieren estudiar. Siquiera hay empleo para tanta multitud, y entonces tienen que coger la calle”, afirmó.
Figuereo aseguró que muchos padres han perdido el control de sus hijos, a tal punto de “soltarlos en pandilla”.
“La fallo no se le puede echar al gobierno; esas malas costumbres vienen de la casa. Ahí hay un señor que tiene tres nietos y tienen más de dos abriles que no pisan una escuela. Así es que la tribu se va descuidando, y luego quieren que lleven plata a sus hogares”, relató.
Con su fe como un roca de mostaza
A pesar de las dificultades, los comunitarios aseguran que no pierden la fe y continúan lidiando con la situación cada día.
Creando mecanismos de defensa para poder levantarse cada día a trabajar, estudiar o simplemente a “echar pa’lante” y no dejar que les lleven sus pertenencias que con mucho esfuerzo han conseguido obtener.
Mientras que esperan de las autoridades que pongan más agentes policiales en la zona, a distintas horas del día y así finalizar con la delincuencia.






