Por: Jesús Sánchez
SAN PEDRO DE MACORÍS. Los accidentes de tránsito continúan siendo una de las principales problemáticas en la República Dominicana, registrándose de forma constante en todas las regiones y dejando cifras alarmantes, adicionalmente de historias de dolor y superación, como las de Eliseo González y Juan Thomas Mejía, cuyos destinos y entornos familiares cambiaron tras sufrir siniestros viales en San Pedro de Macorís.
Los casos de Eliseo González y Juan Thomas Mejía evidencian cómo un siniestro viario puede redefinir por completo el destino de una persona y su entorno descendiente, mientras especialistas advierten sobre la dimensión social, psicológica y económica del engendro.
ELICEO GONZÁLEZ
Hace 13 primaveras, la vida de Eliseo González, residente en la avenida Mauricio Báez de San Pedro de Macorís, cambió de modo abrupta. Mientras se desplazaba como pasajero en un motoconcho, el conductor de un transporte abrió la puerta de forma repentina, provocando un impacto que le ocasionó heridas graves. El desenlace fue devastador: la amputación de una pierna.
A la pérdida física se sumaron complicaciones derivadas de la diabetes y dificultades en la visión, lo que redujo aún más su movilidad e independencia. González recuerda que, luego del choque, no recibió respaldo de ninguna aseguradora ni de empresa alguna vinculada al hecho, por lo que tuvo que apoyarse en familiares y allegados para iniciar su recuperación.
Durante dos primaveras enfrentó terapias constantes, citas médicas y múltiples gestiones hasta alcanzar obtener una prótesis. Ese proceso implicó no solo esfuerzo físico, sino igualmente desgaste emocional y financiero. Adaptarse a la prótesis fue otro desafío: educarse a caminar nuevamente, recuperar el estabilidad y rehacer la confianza en sí mismo.
Antaño del choque, durante primaveras trabajó en una empresa de zona franca vinculada al dominio deportiva, lo que le permitía sostenerse y aportar a su tribu. Hoy reconoce que las barreras físicas se combinan con obstáculos sociales y laborales. La desliz de oportunidades para personas con discapacidad limita sus posibilidades de reinserción productiva.
González asegura que uno de los mayores retos no es exclusivamente la movilidad, sino el impacto psicológico que conlleva acatar de otros para actividades cotidianas.
Considera que el país necesita vigorizar las políticas de inclusión y ampliar los programas de rehabilitación integral para quienes sobreviven a este tipo de tragedia.
JUAN THOMAS MEJÍA
La experiencia de Juan Thomas Mejía demuestra que los accidentes pueden tener un sorpresa acumulativo en la lozanía y la estabilidad económica. Hace unos 30 primaveras sufrió un primer choque que le fracturó la capital del fémur, lo que requirió una cirugía en la que le colocaron una placa, retirada dos primaveras luego.
En ese momento logró recuperarse y retomar sus actividades laborales, sosteniéndose por cuenta propia. Sin bloqueo, con el paso del tiempo la pierna afectada comenzó a debilitarse, generando molestias y limitaciones progresivas.
Abriles más tarde, mientras utilizaba un motor para agenciárselas el sustento diario, sufrió un segundo choque cerca de la escuela del sector 24 de Abril. Un gurí se atravesó en la vía, perdió el control y el motor cayó sobre la misma pierna previamente lesionada. El coscorrón agravó significativamente su condición.
Desde entonces, su movilidad quedó aún más pequeña, afectando directamente su capacidad de trabajo. La inestabilidad física trajo consigo incertidumbre económica y preocupación constante por el futuro. Mejía explica que, adicionalmente del dolor físico, existe un impacto emocional al notar que su capacidad de proveer a la tribu disminuye con cada traba.
Su caso refleja cómo la reincidencia en accidentes puede profundizar la vulnerabilidad de quienes dependen del trabajo informal y del uso común de motocicletas como medio de sustento.
LA VISIÓN SOCIAL
El sociólogo Frank Félix Solano sostiene que los accidentes de tránsito no pueden analizarse exclusivamente como hechos aislados. Apoyándose en las teorías de Émile Durkheim, explica el concepto de anomia social, entendido como la cariño de normas y títulos que regulan el comportamiento colectivo.
A su madurez, la imprudencia en las vías, el irrespeto a las leyes y la sensación de impunidad forman parte de un problema estructural. Aunque el choque ocurre de modo individual, sus consecuencias son sociales: familias desamparadas, traumas psicológicos y comunidades afectadas.
El experto considera que entidades como el Instituto Doméstico de Tránsito y Transporte Terrenal deben engrosar la prevención y trabajar de la mano con las comunidades para promover una civilización de respeto y responsabilidad viario. Para él, la opción no es solo sancionar, sino variar comportamientos y vigorizar la educación ciudadana desde edades tempranas.
PSICOLOGÍA
La psicóloga Odalis Cedeño explicó que las personas que han sufrido amputaciones a causa de accidentes enfrentan un proceso complicado que va más allá de la recuperación física, ya que implica un profundo impacto emocional y psicológico.
Señaló que uno de los principales género es el trastorno de ansiedad postraumática, el cual puede manifestarse mediante miedo a salir a la calle, temor a utilizar vehículos o revivir constantemente el momento del choque. “La pérdida de un miembro representa un evento traumático que afecta la percepción de seguridad de la persona y su confianza para retomar la vida cotidiana y gremial”, indicó.
Asimismo, destacó que los pacientes deben atravesar un proceso de duelo no solo por la pérdida de la parte del cuerpo, sino igualmente por el cambio en su imagen corporal y en su rol internamente de la tribu. Esta situación puede ocasionar sentimientos de tristeza, frustración e incluso inutilidad, al considerar que no podrán desempeñarse de la misma modo que antaño.
Cedeño enfatizó que el comparsa psicológico es fundamental para ayudar al paciente a aceptar su nueva condición, vigorizar su autoestima y desarrollar estrategias que le permitan adaptarse a su entorno. Recomendó terapias especializadas en trauma, así como programas de rehabilitación integral que incluyan apoyo emocional y orientación ocupacional.
Todavía subrayó la importancia del apoyo descendiente y social, así como el contacto con otras personas que hayan vivido experiencias similares, ya que esto contribuye significativamente al proceso de habilitación. “Con el tratamiento adecuado, la persona puede rehacer su esquema de vida, recuperar su sentido de utilidad y continuar siendo productiva internamente de la sociedad”, expresó.
EL IMPACTO ECONÓMICO
Desde el ámbito financiero, Julio César Concepción Rodríguez explica que los accidentes de tránsito representan un coscorrón significativo para la riqueza doméstico. Informaciones del Empleo de Lozanía Pública y de las autoridades de tránsito indican que los siniestros viales figuran entre las principales causas de crimen y hospitalización por lesiones en el país.
Se estima que las pérdidas económicas rondan los US$3,000 millones anuales, equivalentes a aproximadamente el 2.5 % del Producto Interno Bruto. Solo los costos médicos, hospitalarios y de rehabilitación representan miles de millones de pesos cada año.
Los gastos incluyen transporte de emergencia, cirugías, medicamentos, terapias físicas, prótesis y tratamientos psicológicos. A esto se suma la pérdida de productividad cuando la persona lesionada no puede reincorporarse al trabajo o debe hacerlo en condiciones limitadas. En muchos casos, familiares abandonan sus empleos para convertirse en cuidadores, reduciendo aún más los ingresos del hogar.
Cuando las pólizas de seguro resultan insuficientes, las familias enfrentan endeudamiento, agotamiento de ahorros y dificultades para cubrir deposición básicas. Esto convierte el choque en un problema que trasciende lo individual y se transforma en una carga colectiva que impacta al sistema de lozanía, a la riqueza y al tejido social.
Las historias de Eliseo González y Juan Thomas Mejía ponen rostro humano a una estadística amenazador. Más allá de las cifras, cada choque deja consecuencias que se extienden por primaveras, afectando la estabilidad emocional, social y económica de quienes lo padecen. La prevención, el cumplimiento de la ley, la educación viario y el fortalecimiento de redes de apoyo psicológico y comunitario emergen como tareas urgentes para aminorar una problemática que continúa marcando vidas en todo el país.
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