El Colegio Dominicano de Periodistas (CDP) acaba de renovar sus cuadros directivos en unas elecciones en las que sólo sufragó el 27.1 %, de un padrón electoral conformado por 4,800 miembros.
Esa mengua votación obedece, entre otros factores, a la situación de descrédito en que se encuentra el colegio profesional profesional, oportuno a las malas gestiones encabezadas por el Movimiento Marcelino Vega, del cual una de sus dos facciones ganó los comicios celebrados el viernes.
La plancha del profesor Luis Pérez Nova obtuvo 618 votos para alcanzar el triunfo, emblema que representa el 48% de la totalidad de los sufragios válidos emitidos.
Esta información, analizada a través del pensamiento crítico, conduce a que el porcentaje obtenido por los ganadores se coloca en tan pronto como el 23 % de los periodistas que sufragaron en el certamen.
Lo preparatorio representa un inconveniente para el rescate del CDP y la buena gobernanza durante el período 2025-2027, porque si aceptablemente es cierto que los ganadores del Comité Ejecutor, el Consejo de Compañía del Instituto de Previsión y Protección del Periodista (IPPP), el Tribunal Disciplinario y la mayoría de las seccionales que funcionan en el país, Puerto Rico y Estados Unidos, están revestidos de vigencia, no menos ciertos es que carecen de legalidad, en paisaje de quienes votaron en contra superaron, por mucho, a los que los favorecieron en las urnas.
Delante el argumento de que los abstencionistas no cuentan, éste carece de certeza, oportuno a que este tipo de decisiones todavía constituyen una forma de rechazo expresada en desafección.
El CDP acusa una crisis, con ribetes de sustentación económica y pudoroso, que amenaza su existencia como entidad solvente capaz de contribuir con el fortalecimiento de la institucionalidad democrática del país. Muchos periodistas han expresado públicamente que sienten vergüenza del daño del prueba de periodismo y claman por una estructura dirigencial que positivamente enarbole la reverencia, la ética y la profesionalización.
Las elecciones del pasado viernes no trajeron sorpresas, sino más de lo mismo, por lo que se prevé un aumento en esa imagen de daño pudoroso. Y esto resulta desalentador para el futuro inmediato de la institución.
Uno de los problemas que acusa radica en que más del 25 por ciento de sus miembros carecen de títulos universitarios que les acrediten en la comunicación social.
En términos académicos, un periodista es el profesional egresado de un centro de estudios superiores preparado para dedicarse al prueba del periodismo, en cualquiera de sus formas, ya sea en la prensa, la fotografía, la radiodifusión, la televisión o los medios digitales. En el interior de sus tareas cotidianas figuran las de descubrir e investigar temas de interés sabido, contrastarlos, sintetizarlos, jerarquizarlos y difundirlos.
Desafortunadamente, en la ahora en República Dominicana no se sabe con claridad quién es periodista. El periodismo representa una de las profesiones más usurpadas, ya que el que paga la tarifa de un espacio en un canal de televisión o una tiempo de radiodifusión comienza a autoproclamarse como “periodista”.
No pocos, bajo ese “protección”, se vuelven mercenarios de la palabra, convirtiéndose, en la maña, en chantajistas, difamadores e injuriadores.
La nueva administración del CDP tendrá que mostrar una enorme capacidad de administración para revertir la situación y crear la percepción de que no será más de lo mismo durante los próximos dos abriles.
Resulta inverosímil que a pesar de la forma inadecuada de cómo el Movimiento Marcelino Vega ha manejado el colegio profesional, cada dos abriles logra conseguir la votación necesaria para garantizarse su continuismo.
Pronto veremos si será más de lo mismo.






