Luego de los fallecimientos de nuestros padres Damián Pineda, Carmen López de Pineda y hace poco de mi hermano “Rafelito”, como le llamaban en Barahona, la inesperada asesinato de Eladio Uribe ha sido la que más me ha estremecido y sorprendido.
Uribe, vicepresidente de Bienes Humanos del Central Romana Corporation, era más que un amigo de infancia un serio hermano. Éramos prácticamente vecinos en la calle Jaime Mancha de Barahona, cursamos la escuela en el nivel primario, intermedio, secundario y universitario. Yo viví en su casa de la calle 14 de Villa Consuelo en 1973 y vivió en la mía en el residencial Nordesa I. A pesar de que Uribe, por su posición ejecutiva y sus compromisos sociales, ya no tenía mucho tiempo, nos comunicábamos con frecuencia y en momentos de dificultad estuvo presente.
Hermano Eladio Uribe, sé que no me dijiste lo del aneurisma que padecías para no mortificarme, pero silencioso con la duda, lógicamente, tu memoria será imperecedera.







