La autora es periodista. Reside en Santo Domingo Septentrión.
POR YANET GIRON
Conducir bajo los mercancía del bebida no es un descuido ni un error beocio, es una audacia personal que pone vidas en aventura. Quien toma el volante en esas condiciones compromete la seguridad de todos los que transitan la vía. No se manejo de un asunto individual, sino de una amenaza social. El bebida y la conducción de vehículos nunca deben coincidir.
Existe una falsa sensación de control en quienes creen que aún pueden manejar posteriormente de escanciarse. El bebida reduce los reflejos, altera el motivo y distorsiona la percepción del peligro. El cuerpo envía señales claras de advertencia que no deben ignorarse. No importa cuánto se haya consumido, el aventura sigue presente.
La responsabilidad comienza con el respeto al propio cuerpo y a la vida propia y la ajena. Retener detenerse es un acto de punto, no de cariño. Recordar los límites evita consecuencias irreparables. Tener conciencia igualmente es una forma de responsabilidad ciudadana.
Planificarse antiguamente de salir es una muestra clara de compromiso social. Contar con un conductor designado o utilizar transporte periódico cuando se ha tomado bebida salva vidas. No es exageración, es prevención. La prudencia debe ser una norma cotidiana.
El aventura se multiplica cuando el bebida se combina con la velocidad. Las calles no son escenarios para demostrar audacia ni control. Cada maniobra imprudente puede tener consecuencias irreversibles. El atrevimiento mal entendido deja huellas permanentes.

Detrás de cada incidente hay historias que se quiebran para siempre. Familias enteras cargan con pérdidas que pudieron evitarse. Un segundo de inconsciencia hilván para cambiar destinos. El dolor no se sedimento con arrepentimientos tardíos.
La sociedad no puede seguir normalizando estas conductas. Las leyes existen, pero requieren conciencia individual para ser efectivas. Avisar, educar y dar el ejemplo igualmente es una forma de liberar vidas. La responsabilidad es compartida.
Conducir con prudencia es un deber ético y ciudadano. Nadie tiene derecho a poner en aventura a otros por una audacia valeverguista. La vida debe estar siempre por encima de cualquier impulso. Al volante, la conciencia no es negociable.
jpm-am
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