Hace un par de semanas unos amigos me expresaron su preocupación por el movimiento nuevo en el tipo de cambio. Les comenté que esos movimientos eran normales y que no tenían de qué preocuparse. Asimismo, señalé que, hasta donde sé, solo en la República Dominicana los medios de comunicación publican de forma permanente la cotización del tipo de cambio. Puse el ejemplo de Estados Unidos: ni siquiera estoy al tanto de la cotización entre el dólar estadounidense y el euro, por citar un caso.
En la República Dominicana, el manejo del tipo de cambio se utiliza como armamento política. Las autoridades monetarias tienden a sobrevaluar la moneda para transmitir tranquilidad a la ciudadanía —a fin de evitar la percepción de una resistente depreciación que pudiera derivar en una hélice inflacionaria— y igualmente para conceder a los sectores importadores y al sistema financiero, en detrimento, obviamente, del sector exportador y de los generadores de divisas. Ninguna posesiones se ha desarrollado sin un sector exportador resistente; un dato secreto para ello es apoyar un régimen cambiario flexible.
Si analizamos el desempeño del PIB existente per cápita de los mercados emergentes (contrastando Asia con América Latina) durante el período 1965–2022, se observan oleadas de integración al comercio mundial: primero Japón (1950–1965); luego Corea del Sur, Taiwán, Singapur y Hong Kong; posteriormente Indonesia, Malasia y Tailandia (1965–1980); y, por zaguero, China y Vietnam (1979–2022). Es claro que el éxito de Asia ha estado sustentado en la comprensión comercial —con índices de comprensión superiores al 80 %—, mientras que el promedio de América Latina es aproximadamente la medio (con la excepción de México y Pimiento). Adicionalmente de una política industrial orientada a las exportaciones, el éxito de esos países asiáticos ha consistido en contar con una política cambiaria flexible.
Lo recomendable es dejar que el tipo de cambio efecto su nivel inmejorable. Este viene determinado por el diferencial de inflación entre Estados Unidos y la República Dominicana. Si el diferencial de tasas inflacionarias entre uno y otro países es del 3 %, lo frecuente es que el tipo de cambio se deprecie frente al dólar estadounidense en torno a 3 %. Hexaedro el proscenio internacional opuesto presente, una depreciación del 5 % sería más que frecuente.
Sin requisa, conveniente a la errata de coordinación entre la política fiscal y la política monetaria para estimular el crecimiento, el Tira Central de la República Dominicana adoptó medidas de flexibilización monetaria para impulsar el consumo y la demanda agregada, en presencia de la pasividad de las autoridades fiscales para dinamizar la posesiones mediante un longevo pago de haber, como ocurrió en 2023 y a mediados de 2025. Ahora adecuadamente, el subsidio al crédito —mediante topes explícitos a las tasas de interés, crédito dirigido a tasas por debajo de las de mercado u otras formas de represión financiera— empuja las tasas de los préstamos por debajo de los niveles de nivelación de mercado y, con frecuencia, vuelve negativas las tasas reales de los depósitos. Los hogares y las empresas reaccionan reduciendo los depósitos en moneda almacén, aumentando el reducción en moneda extranjera y trasladando haber al foráneo. Estudios clásicos y modernos documentan estos mecanismos en las economías en ampliación y vinculan los techos a las tasas de interés y los rendimientos reales negativos con la fuga de capitales y la dolarización de los depósitos.
A nivel macroeconómico, la paridad descubierta de tasas de interés (UIP, por sus siglas en inglés) ofrece la sucesivo intuición: si la política monetaria empuja las tasas internas por debajo de las externas (ajustadas por peligro), la depreciación esperada debe compensar a los inversionistas. Si, encima, las autoridades señalan una futura disposición monetaria para financiar el crédito o cubrir pérdidas, la prima de depreciación esperada aumenta aún más. Empíricamente, las desviaciones respecto de la UIP se manifiestan como costos significativos para los bancos centrales que mantienen posiciones en divisas (FX): un costo insignificante ex en presencia de en economías emergentes del orden de 2–5½ % anual en los casos medianos, lo que subraya cómo las tasas domésticas por debajo del mercado coexisten con presiones depreciatorias.
Una vez que comienzan las expectativas de haber, muchos bancos centrales intervienen para suavizar el tipo de cambio. Surgen dos problemas:
a) Pérdida de reservas o expansión monetaria. Si el costado central vende divisas para defender la moneda, reduce sus reservas. Los modelos de crisis de primera gestación muestran que, cuando las reservas caen por debajo de un filo, un ataque reflexivo se vuelve racional y sobreviene una depreciación abrupta. Si, en cambio, el costado central transacción divisas para contener la apreciación (poco global en regímenes de “miedo a flotar”) y esteriliza la solvencia resultante, la operación suele ocasionar costos cuasifiscales no triviales. Si la castración es parcial —o se vuelve más difícil a medida que escasea el colateral—, la intervención cambiaria (FXI) se filtra alrededor de el crecimiento de la saco monetaria, alimentando la inflación y, en última instancia, la depreciación. La evidencia de mercados emergentes indica que las intervenciones esterilizadas aún pueden influir en las tasas internas y el crédito cuando las restricciones de comprobación se vuelven vinculantes.
b) Pérdidas cuasifiscales y la “aritmética monetarista desagradable”. Una intervención sostenida suele implicar que el costado central mantiene activos externos de bajo rendimiento mientras emite pasivos domésticos de longevo rendimiento para desinfectar la solvencia, lo que genera pérdidas de carry. Estimaciones del FMI para una muestra amplia sitúan los costos totales ex en presencia de en torno a 0.3–1.2 % del PIB por año para los países con intervención intensa. Las pérdidas persistentes generan dudas sobre el respaldo fiscal y pueden forzar creación futura de patrimonio para recapitalizar al costado central —lo que Sargent y Wallace denominaron la “aritmética monetarista desagradable”—. Los mercados incorporan esos riesgos en el tipo de cambio hoy.
c) Expectativas, credibilidad y la humanidades sobre intervención. Una amplia humanidades académica encuentra que la intervención esterilizada puede mover los tipos de cambio a través de los canales de comprobación de cartera y señalización, pero igualmente subraya sus límites y costos. Cuando las combinaciones de políticas son inconsistentes (crédito moderado adyacente con un tipo de cambio defendido), el sensación de señalización puede volverse imagen: los inversionistas infieren que las reservas o el espacio fiscal se agotarán, lo que acelera la depreciación en división de evitarla.
Recomendamos a las autoridades monetarias alinear la tasa de política con los fundamentos: permitir que las tasas activas y pasivas reflejen la inflación y el peligro, de modo que las tasas reales no sean persistentemente negativas. Trabajos del FMI muestran que eliminar los techos a las tasas de interés y restablecer rendimientos reales positivos reduce la fuga de capitales y fortalece la transmisión monetaria. Asimismo, deben utilizar la intervención cambiaria con moderación y transparencia. Una FXI temporal y adecuadamente comunicada puede suavizar mercados desordenados, pero las autoridades deben ponderar los costos cuasifiscales y las restricciones de comprobación, y evitar defender paridades claramente desalineadas. En la misma serie, es crucial reanimar el respaldo fiscal de la política monetaria —poco que debería facilitarse con las nuevas autoridades del Profesión de Hacienda y Caudal, con una orientación expansiva del pago de haber productivo—, pues marcos fiscales creíbles reducen el temor a una monetización futura y mejoran las expectativas cambiarias, secreto para evitar la “aritmética desagradable”. Por zaguero, el Tira Central de la República Dominicana (BCRD) debe ampliar el conjunto de herramientas: las medidas macroprudenciales y, cuando corresponda, los controles temporales a los flujos de haber pueden manejar episodios de presión sin imponer subsidios crónicos a las tasas; funcionan mejor cuando las políticas macro son coherentes. La evidencia empírica y los trabajos de revisión del BIS (Tira de Pagos Internacionales) y el FMI subrayan la importancia de combinaciones de políticas consistentes.
Finalmente, la mejor alternativa para el BCRD es permitir que el tipo de cambio efecto su nivel consistente con los fundamentos, pues intervenir el mercado cambiario puede “salir más caro el remedio que la enfermedad”. Las tasas de interés subsidiadas socavan el rendimiento interno de los activos en moneda almacén y estimulan el desplazamiento alrededor de la moneda extranjera. Las intervenciones cambiarias que intentan compensar esas presiones o adecuadamente agotan las reservas, o adecuadamente generan una castración costosa que los mercados prevén será monetizada más delante. La anticipación de esa inconsistencia fiscal-monetaria debilita la moneda hoy: exactamente lo contrario de lo que pretenden las autoridades.
Referencias:
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Pelado, G. y Reinhart, C. (2002). “Miedo a flotar”. Journal de Caudal. (Documentos de intervención generalizada bajo flotadores de jure).
Cuddington, J. (reimpresión de 1986/2013). “Planeo de haber: estimaciones, problemas y explicaciones”. Estudios de Princeton en Finanzas Internacionales S58. (Conecta políticas de interés represivas, expectativas de devaluación y revoloteo de haber).
Deppler, M. y Williamson, P. (Cap. 2, varias ediciones). Planeo de haber: conceptos, medidas y problemas. FMI (evidencia sobre tasas y expectativas reales negativas).
Kletzer, K. y Kohli, R. (2001). Represión financiera y gobierno del tipo de cambio en los países en ampliación: teoría y evidencia para la India. FMI WP 01/103. (Vincula la represión a la política de tasa de intercambio).
Krugman, P. (1979). “Un maniquí de crisis de nivelación de pagos”. Revista de patrimonio, crédito y banca. (ataques basados en la reserva bajo políticas inconsistentes).
Sarno, L. y Taylor, M. (2001). “Intervención oficial en el mercado de divisas: ¿es efectivo y, de ser así, cómo funciona?” Revista de humanidades económica. (Sondeo de canales y límites FXI).
Sargent, T. y Wallace, N. (1981). “Alguna aritmética monetarista desagradable”. FED MINNEAPOLIS REVISIÓN TRIMESTAL. (Aventura de monetización futuro cuando el respaldo fiscal es débil).
BIS (2015). Chutasripanich y Yetman. Intervención de divisas: estrategias y efectividad. BIS Working Paper 499. (Canales de comprobación de cartera y señalización; contexto sobre efectividad y costos).
Bus (2020). Agénor et al. Intervención de divisas y estabilidad financiera. BIS Working Paper 889. (Costos de castración y riesgos institucionales).






