El autor es médico. Reside en Santo Domingo
Por Víctor Apuesto Peralta
Imagine que negocio un frasco de insulina rotulado con «100 unidades». Paga el precio completo y, al aparecer a casa, descubre que solo contiene 85. Reclama, pero nadie contesta. El regulador impone una multa irrisoria al farmacéutico y, dos semanas posteriormente, el fraude continúa. Esto no es una hipótesis médica; es la experiencia diaria de millones de dominicanos frente al dispensador de combustible.
El fraude en las estaciones de servicio no es una percepción paranoica del consumidor: es un hecho documentado, medido y —lo más bajo— tolerado por un sistema regulatorio que padece de una parálisis sencillo.
Diagnosis: un cáncer metastásico en el surtidor
En medicina, hablamos de metástasis cuando la enfermedad invade el organismo en presencia de la inoperancia del tratamiento. Extirpar un tumor no cura al paciente si la enfermedad ya se diseminó.
Eso es exactamente el fraude en combustibles en República Dominicana: una patología sistémica que ha colonizado el mercado minorista.
En 2025, la Liga Franquista de Trabajadores del Transporte SocialCristianos (FENATTRANSC) denunció dos prácticas constantes: menos cantidad despachada y octanaje inferior al cobrado. El evidencia diario de choferes y motoconchistas confirma lo que las actas prueban: el tanque rinde menos, el motor sufre más y el moneda alcanza para menos kilómetros.
Entre 2021 y 2022, inspecciones de ProConsumidor y el Instituto Dominicano para la Calidad (INDOCAL) revelaron irregularidades graves en el 37% de las actas levantadas.
No se manejo de fallas técnicas; es voluntad de dolo. Mangueras descalibradas, medidores manipulados y, lo más cínico: estaciones clausuradas que seguían operando a la tino de todos. Si extrapolamos ese 37% al universo de 1,300 estaciones del país, estaríamos en presencia de casi 480 puntos de cesión que nos están robando en este preciso instante.
La biopsia de la calidad: el fraude invisible
El fraude atraviesa todas las marcas. Cuando nadie queda fuera de sospecha, el problema no es empresarial: es institucional.
Inspecciones de calidad realizadas entre 2022 y 2023 revelaron que el robo no es solo volumétrico (cantidad), es además cualitativo (calidad). Las pruebas son demoledoras: solo el 44% de la gasolina premium en el mercado cumple con el octanaje imperceptible obligado (95 RON).
Es asegurar, el 56% de la “premium” no lo es. Se paga caro por un producto inferior. Esto significa que más de la porción de lo que pagamos como «premium» es, en verdad, gasolina regular vendida a precio de ostentación.
La Normas Técnicas Dominicanas (NORDOM) exige que la premium sea incolora; sin bloqueo, el 96% presenta un color amarillento, señal inequívoca de mezcla, contaminación o adulteración. No es un detalle técnico: es evidencia. El mensaje para el consumidor es aterrador: usted paga por vitalidad para su motor y recibe un placebo contaminado que termina en una costosa confección del mecánico.
La gasolina regular, paradójicamente, cumple en un 94%. El patrón es claro: Regular de buena calidad vendida como premium. La diferencia de precio se embolsa. El daño lo paga el consumidor.
La ecuación de la impunidad: RD$4,800 millones al año
Lo más bajo no es que el fraude exista, sino que continúe incluso tras ser sancionado. Hay estaciones clausuradas que operan semanas posteriormente como si mínimo. ¿Por qué el fraude persiste? Porque en República Dominicana, delinquir es rentable.
Las multas actuales, que oscilan entre RD$50,000 y RD$2.5 millones, son escasamente un «costo eficaz» para el infractor; no disuaden. Con ventas promedio de 24,000 galones mensuales, un robo de escasamente 3% genera más de RD$200,000 al mes por manguera. La multa se “amortiza” en semanas. El fraude paga.
Un cálculo conservador indica que el fraude de cantidad y calidad le arrebata al pueblo dominicano aproximadamente RD$4,800 millones anuales. Ese moneda podría financiar escuelas, becas, centros de vitalidad. En cambio, se evapora en cada tanque.
Sistema inmune colapsado
Con 35 inspecciones anuales promedio para 1,300 estaciones, una artefacto puede esperar ser supervisada cada 37 abriles. No hay clausura definitiva. No hay castigo penal. No hay consecuencias existenciales. El sistema inmune institucional no contesta. Ha colapsado; el regulador es hoy un espectador de piedra en presencia de un asalto masivo.
Tratamiento eficaz: cirugía radical
No se cura un cáncer que ha donado metástasis con paños tibios. La decisión no es técnica, es política y honrado. Se requiere intervención quirúrgica inmediata:
- Marcación molecular obligatoria de todos los combustibles.
- Implementar trazabilidad digital obligatoria desde la importación hasta la manguera.
- Inspecciones sorpresa mensuales. Sobrevenir de la vigilancia pasiva a operativos aleatorios en el 100% de las estaciones.
- Multas proporcionales a las ventas (200% o más).
- La regla de los tres strikes: clausura definitiva y pérdida de la deshonestidad en presencia de la reincidencia.
- Tipificación penal del fraude reiterado, debe dejar de ser una equivocación administrativa para convertirse en un delito con calabozo.
- Transparencia total: plano manifiesto y en tiempo positivo de infractores. El ciudadano debe retener quién le roba para practicar el poder del amenaza.
- Vigilancia ciudadana con herramientas tecnológicas.
Pimiento, Colombia, México y Costa Rica ya lo hicieron. Funciona cuando hay voluntad política.
Llamado final
Exijo al Estado tratar el fraude en combustibles como lo que es: un asalto masivo y silencioso.
Demando leyes que castiguen, reguladores que actúen y razón que procese.
Al ciudadano le digo: denuncie, exija, boicotee.
A los medios: investiguen y expongan.
A los empresarios honestos: desmárquense o serán cómplices.
Conclusión
El tanque malogrado es la prueba de una ética estatal que se ha quedado sin combustible. Cuando te roban en cada insignia, no es un error de calibración; es un delito de cuello blanco. El pueblo dominicano merece respaldar por lo que recibe y, cuando eso no ocurre, el silencio además roba.
El tanque malogrado es la prueba.
El robo silencioso debe terminar.
Es hora de realizar. Ya.
JPM
Compártelo en tus redes:






