@Abrilpenaabreu
El Sur ha sido, históricamente, el gran olvidado de la República Dominicana. Décadas de pobreza estructural, migración forzada y desliz de oportunidades educativas y de vigor lo convirtieron en una de las regiones más rezagadas del país. Ni siquiera el hecho de acontecer tenido un presidente oriundo de allí, como Danilo Medina, significó un cambio sustancial para su avance.
Sin bloqueo, bajo la coetáneo papeleo de Luis Abinader, se percibe un viraje. No se proxenetismo de desmentir que en el pasado hubo esfuerzos, sino de rastrear que hoy confluyen dos factores determinantes: un gobierno que ha regalado prioridad a la zona y un sector privado que por fin postura con fuerza al Suroeste. El resultado es una combinación de obras heredadas concluidas y proyectos nuevos en ejecución.
Obras de continuidad de Estado
Circunvalación de Azua, inaugurada en 2023, tras más de una plazo de paciencia.
Presa de Monte Espacioso, cuya primera etapa entró en operación en 2024, garantizando agua para consumo y riego.
Aeropuerto María Montez (Barahona), rescatado para servir como enclave tenue de toda la región.
Estas infraestructuras ya estaban iniciadas en gobiernos anteriores, pero recibieron la inversión y el seguimiento necesarios para concluirse. Es un adiestramiento positivo de continuidad institucional que merece reconocerse.
Obras nuevas en esta papeleo
Circunvalación de Baní, inaugurada en 2025, que aligera la movilidad de todo el corredor Sur.
Universidades UASD en Azua y Baní (2024) y el avance de la sede en Neyba, que evitan que los jóvenes tengan que portar para estudiar.
Planta de tratamiento de Angla Rojo (Pedernales), inaugurada en 2025, esencial para el turismo sostenible; por otra parte, la rehabilitación de la planta de Barahona.
Remozamientos hospitalarios: la nueva emergencia del Hospital de Bohechío en San Juan, la reactivación de equipos en el Jaime Defecto de Barahona y la transformación del Jaime Sánchez en el primer materno-neonatal del Sur.
Aeropuerto doméstico “El Depósito del Sur” en San Juan, en construcción con proyección de operación en 2025; y aeropuerto de Angla Rojo (Pedernales), con pista de 3.1 km en avance.
Puerto de Angla Rojo, que ya recibe cruceros desde enero de 2024, y el inicio de la terminal de cruceros en Barahona con miras al 2026
En Pedernales, la transformación toma forma con la presentación de cadenas hoteleras internacionales de primer nivel. Marcas como Hilton, Marriott, Sunwing, AMResorts/Inclusive Collection (Hyatt), Iberostar y Karisma ya tienen proyectos en ejecución, lo que representa la construcción de miles de habitaciones en la primera período del destino Angla Rojo. Esto no es solo infraestructura turística: significa empleo directo para miles de sureños, encadenamientos productivos para pequeños agricultores, pescadores y emprendedores locales, y la respaldo de que desde el inicio el polo se desarrolle con estándares globales de servicio y sostenibilidad. La presencia de estas marcas áncora, por otra parte, asegura conectividad aérea, veterano poder de negociación frente a turoperadores internacionales y la posibilidad de que el Sur se posicione como un destino competitivo en el Caribe.
Las obras son palpables y marcan un ayer y un a posteriori. Pero el seguro desafío es que ese avance no repita la paradoja de Punta Cana, un polo turístico mundialmente exitoso en una provincia donde la riqueza no se refleja en la calidad de vida de su concurrencia.
El Sur necesita que:
Los empleos sean ocupados por dominicanos, especialmente por jóvenes de la región.
Las MIPYMES locales se integren a la esclavitud de valía del turismo y de las grandes obras.
Los servicios de vigor y educación acompañen el éxito turístico, evitando que el crecimiento genere islas de prosperidad rodeadas de pobreza.
Hoy el Sur se encamina a dejar antes el desamparo histórico. Perfectamente por el gobierno en impulsar proyectos nuevos y dar continuidad a los heredados. Perfectamente igualmente por el sector privado que se integra en alianza estratégica.
Pero el éxito no se medirá en kilómetros de carretera, ni en barcos o aviones que arriben, sino en la vida de las familias sureñas que puedan estudiar sin irse, trabajar sin portar y aceptar atención médica sin recorrer cientos de kilómetros.
El Sur comienza a despertar. Ahora toca certificar que ese despertar no sea aparente a su propia concurrencia.






