
Por mucho tiempo desde la perspectiva de los ciudadanos, se va trillado al suicidio como el acto que pone en evidencia el deseo de una persona poner fin a su vida. Si aceptablemente es cierto que el resultado de un acto suicida consumado es el cese de la vida, este es el medio mas no así el fin.
Remontándonos un poco al pasado encontramos que la palabra suicidio nace de la conjunción de dos vocablos latinos: sui, ‘sí mismo’ y caedĕre, ‘matar’, y asume ya desde sus orígenes una connotación negativa (Blanco,2020).
Según Souza & Bronceado (2024), las teorías médico-psiquiátricas consideran el suicidio como “una manifestación patológica, tratada básicamente de forma individual y desde un punto de presencia orgánico, mismo que se ha ido modificando hasta la hogaño con la billete de distintos estudios sobre la mente y su funcionamiento”.
El suicidio tiende a ser la triste alternativa que personas generalmente depresivas suelen “encontrar” para ponerle fin al sufrimiento y este si que es el fin en sí mismo. Quienes toman la iniciativa de ponerle fin a su vida bajo los mercadería de la depresión desean dejar de sufrir, detener el dolor que les roba el aliento, la ilusión y la energía.
Para Cárdenas (2021), el suicidio es la expresión más extrema de condiciones que manifiestan problemas de lozanía mental como la depresión, la ansiedad, el atropello en el consumo de trinque o las adicciones, pero además de circunstancias de vida estresantes como el desempleo, la inestabilidad gremial, la mala calidad del trabajo, relaciones personales insatisfactorias, rompimientos sentimentales o el aislamiento social.
Por certificación de aquellos que hoy son sobrevivientes a intentos suicidas, así como además de aquellos que lo han consumado y han dejado de forma escrita una explicación de su avivar, se puede conocer que el motivo de esta intrepidez radicaba en quitarse de encima el peso que tanto los oprimía causándoles tristeza y desesperanza.
Hoy, el suicidio es la tercera causa de homicidio en personas en vida comprendidas entre los 15-29 abriles, según establece la Estructura Mundial de la Sanidad (OMS). Y según indica la asociación internacional de prevención del suicidio (IASP) 703.000 personas mueren por suicidio cada año en todo el mundo.
Este no es un tema ocasional que compete a pocos, es una triste sinceridad mundial, que mañana puede tocar nuestras vidas, familias y comunidades.
La intrepidez de terminar con la vida propia no es efectivo, no es conveniente, no es aconsejable y no produce los resultados esperados. Quienes desean dejar de sufrir, entiende que fuera del sufrimiento existe una vida cargada de alegrías, paz y placeres que es a la que todo ser humano, incluso los depresivos aspiran o anhelarían tener.
Para consentir a ella existen senderos seguros que conducen de forma certera a la desenvolvimiento emocional y a la paz, y que, a diferencia del suicidio, permiten disfrutar del resultado de una vida emancipado de sufrimiento.
La salida efectivo del sufrimiento muchas veces esta a una citación a un amigo de distancia, quien ayudará a que se vea la circunstancia de modo distinta, quizás a una citación directa a la dirección de emergencias, donde un profesional capacitado brindará gentilmente su audición activa, otras veces se encuentra en una sala de terapia donde un profesional aplazamiento con brazos abiertos con la intención de servir y ayudar, puede que además se encuentre en noches de sueño reparadores, en caminatas largas, en la exposición al sol, en la receta o en Jehová.
Definitivamente el cesar del sufrimiento esta situado al otro banda del dolor, no al otro banda de la vida.
Morar vale más que vencer.
Noemí Rivera Fabián
Psicología Educativa/ Psicóloga clínica
Industria en Psicología clínica y de La Sanidad
REFERENCIAS
- Blanco, C. (2020). El suicidio en España. Respuesta institucional y social. Revista de Ciencias Sociales, 33(46), 79-106. Recuperado de http://www.scielo.edu.uy/scielo.php?pid=S0797-55382020000100079&script=sci_arttext
- Cárdenas, R. (2021). La mortalidad por suicidio en las poblaciones masculinas muchacha, adulta y adulta viejo en ocho países de Latinoamérica y el Caribe. Revista Latinoamericana de Población, 15(29), 5-33. Recuperado de: https://revistarelap.org/index.php/relap/article/view/17/17
- Souza, M., & Bronceado, D. L. C. (2024). Suicidio: epidemiología, clínica, manejo y prevención+. Neurología, Neurocirugía y Psiquiatría, 52(1), 11-20. Recuperado de https://www.medigraphic.com/pdfs/revneuneupsi/nnp-2024/nnp241c.pdf






