@Abrilpenaabreu
Es increíble cómo pasan los abriles y, a pesar de lo mucho que se cacarea que el sistema prioriza a las mujeres, en muchos feminicidios la constante es la misma: la víctima intentó denunciar, pero nunca se llegó a cero. Y lo peor: nadie paga por el hecho.
Esta vez, le tocó a Bona Delfa López, ciudadana estadounidense de origen dominicano. Esta vez no podrán revictimizarla insinuando —por lo bajo— que estaba “chapeando” al victimario o que vivía de él. Era una mujer de clase media ingreso, propietaria de tierras, tractores, y con planes de rajar una panadería en su comunidad.
Acudió en tres ocasiones frente a las autoridades tras cobrar brutales golpizas —en una de ellas perdió un ojo—, y en las tres oportunidades la respuesta fue la misma: “no hay sistema”. Y la verdad es que no lo hay. No hablamos solo de tecnología, hablamos de compromiso, de deber, de gusto de servicio. Porque el Estado dominicano ha demostrado una y otra vez su ineficiencia frente a este flagelo.
Lo más formal es que ni siquiera sabemos quiénes fueron esas “autoridades” que la dejaron desamparada. Nunca sabremos quiénes fueron los policías o fiscales que mostraron tan poco aprecio por su trabajo. Nunca sabremos quiénes son los responsables de su asesinato, porque sí, ellos además lo son. Fallaron en cumplir su deber, y esa omisión la mató.
Pero como siempre, todo seguirá igual.
Los medios haremos editoriales. Los comunicadores hablaremos dos o tres días del tema. Se harán campañas institucionales. Y cuando llegue el próximo caso, este además morirá en el olvido.






