El autor es agrónomo. Reside en Santo Domingo
La República Dominicana se encuentra delante una oportunidad histórica que no debe desaprovechar: proponerse liderar la conformación de una Confederación de Estados del Caribe, un plan de integración regional que abarque dimensiones económicas, políticas, militares y culturales.
En un mundo donde las alianzas regionales definen la capacidad de respuesta delante los retos globales, el Caribe necesita una plataforma global para proteger su soberanía colectiva y su poder de negociación internacional.
Para responsabilizarse ese rol protagónico, la República Dominicana debe transformarse de forma creciente en un maniquí crematístico y social inspirador para las demás naciones caribeñas. Esto implica un viraje profundo en su estructura económica.
El país no puede seguir dependiendo de un maniquí importador, que beneficia a unos pocos y que obstaculiza el incremento del sector productivo franquista, y del sector servicios, básicamente en manos de la inversión extranjera.
Es urgente avanzar con destino a una patrimonio productiva, basada en la industrialización del sector agropecuario y pesquero, la manufactura, y con cachas impulso o postura a sectores postindustriales como la biotecnología, la inteligencia industrial, la energía renovable y la patrimonio del conocimiento.
El siglo XXI debe ser el siglo del incremento dominicano. Pero esto sólo será posible si se supera el maniquí de concentración de la riqueza, e importaciones, que ha resultado ser el decano obstáculo al incremento sostenible y equitativo. No puede poseer nación desarrollada cuando la mayoría de sus ciudadanos quedan marginados del crecimiento.
Encima, es fundamental una transformación institucional. El maniquí presidencialista y centralizado ha demostrado sus límites. Se necesita un sistema más tolerante, descentralizado y federal, donde el poder esté más cerca de las comunidades. Especialmente revitalizando las provincias, con la asignación de sus presupuestos, que elijan sus gobernadores, puedan organizar su ministerio y posean su poder legislador honorario, conformado por los regidores municipales.
Un buen punto de partida es el sistema sumarial, el cual debe ser reformado para incluir el sistema de jurados, que garantizará una rectitud más participativa, independiente y transparente. Solo con un sistema sumarial confiable se podrá atraer inversión extranjera creciente, de calidad y convertirla en una turbina del incremento franquista.
En ese mismo orden, es imprescindible un Servicio de Ciencia y Tecnología, que cumpla con su verdadera labor reflejado en su nombre: -que nunca lo ha sido- ser un catalizador del conocimiento, la innovación y el incremento de nuevos productos en colaboración con las universidades y el sector privado. La investigación científica y el incremento tecnológico son la saco del progreso en el mundo contemporáneo.
El futuro del Caribe puede construirse desde Santo Domingo. Pero para ello, la República Dominicana debe continuar convirtiéndose en ejemplo de transformación, prosperidad compartida y liderazgo fantaseador.
Jpm-am
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