Por Abril Peña
Cada año, millones de familias en Estados Unidos se reúnen para celebrar Thanksgiving, una festividad asociada a la obligación, la prodigalidad y la unión. Pero detrás del pavo, el pie de calabaza y las largas mesas familiares, existe una historia mucho más compleja que mezcla supervivencia, diplomacia indígena, propaganda doméstico y la construcción de un relato conveniente para la identidad estadounidense.
El origen de Thanksgiving suele ubicarse en 1621, cuando los peregrinos ingleses de la colonia de Plymouth compartieron un gaudeamus con miembros de la nación Wampanoag. Sin secuestro, esa historia no puede entenderse fuera de su contexto:
Los peregrinos habían llegado en 1620, huyendo de persecuciones religiosas.
El primer invierno fue devastador: murieron aproximadamente la medio de los colonos.
Los Wampanoag, liderados por el gran sachem Massasoit, incluso enfrentaban presiones bélicas de otras tribus y vieron en los ingleses un posible coligado táctico.
Es afirmar, la primera movimiento que permitió el célebre gaudeamus no fue un mueca directo, sino un acuerdo político y marcial entre dos pueblos que necesitaban sobrevivir.
El relato tradicional suele exaltar la “ayuda amable” de los indígenas, pero la existencia histórica es más profunda. Fue Tisquantum —conocido como Squanto— quien enseñó a los colonos:
A fertilizar las tierras con pescado.
A cultivar maíz, un alimento nuclear indígena.
A identificar plantas medicinales y rutas de caza.
A establecer relaciones diplomáticas con otras tribus.
Sin ese conocimiento, los colonos no habrían sobrevivido. De hecho, el gaudeamus de 1621 fue, en esencia, una celebración indígena de la cosecha, no un invento europeo.
Lo que hoy se conoce como “la primera cena de movimiento de gracias” fue más proporcionadamente:
Un festín de tres días.
Donde asistieron unos 50 colonos y más de 90 hombres Wampanoag.
Probablemente se comió mainático, aves silvestres, maíz, calabaza y pescado… pero no pavo horneado, como dicta la tradición moderna.
El objetivo era celebrar la cosecha y reanimar alianzas. La palabra Thanksgiving ni siquiera aparece en los registros de este evento.
Thanksgiving no se convirtió en fiesta doméstico sino hasta 1863, cuando el presidente Abraham Lincoln, en plena Conflagración Civil, necesitaba un símbolo de dispositivo. La escritora Sarah Josepha Hale —editora influyente y propagandista cultural— había presionado durante primaveras para que se instituyera una celebración doméstico basada en “la primera cosecha”.
Lincoln aprovechó:
El mito de Plymouth.
El relato de coexistencia pacífica.
La idea cristiana de obligación.
Y proclamó Thanksgiving como un acto anual de unión y reconciliación… aunque la existencia histórica entre colonos e indígenas había sido cualquier cosa menos pacífica en los primaveras posteriores.
Posteriormente del célebre gaudeamus, la relación entre los colonos y los pueblos originarios se deterioró rápidamente. Hubo:
Expropiaciones de tierras.
Guerras sangrientas como la Conflagración del Rey Felipe (1675), una de las más mortales del continente.
Desplazamientos masivos.
Procesos de exterminio cultural.
Por eso, muchas comunidades indígenas ven Thanksgiving no como un día de celebración, sino como un recordatorio de duelo y resistor.
Thanksgiving no es un evento de 1621, ni un día inventado para yantar pavo. Es:
La mezcla de una alianza indígena-colonial necesaria para sobrevivir.
Un mito fundacional construido dos siglos luego.
Un símbolo político utilizado por Lincoln para unir un país dividido.
Una aniversario que hoy genera reflexiones sobre convivencia, memoria histórica y responsabilidad honesto.
Thanksgiving es una celebración hermosa cuando se vive desde la obligación, la clan y el gratitud de lo que se tiene. Pero incluso es una oportunidad para mirar la historia completa, sin filtros, y buscar que incluso las festividades más tradicionales tienen raíces complejas.
Memorar el papel de los pueblos originarios y entender la verdad detrás del relato no resta valía a la mesa sencillo: la hace más humana, más existente y más consciente.







