San Cristóbal.- Enclavado en el corazón de la provincia de San Cristóbal, el municipio de Los Cacaos es un rincón aún inexplorado de la República Dominicana, a la aplazamiento del apoyo de las autoridades para consolidarse como destino turístico.
A solo 25 minutos del pueblito de Los Cacaos, en plena Cordillera Centralel sonido del río sustituye al de los motores, y el canto de las aves desplaza el bullicio de la ciudad.
Es en la pequeña comunidad de Calderón donde el arquitecto y emprendedor Ariel Cabrera echó raíces para construir Lechuza River Campun plan turístico con impacto financiero y social en una de las zonas más rurales y hermosas de la provincia de San Cristóbal.
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Acullá de Jarabacoa o Constanza destinos turísticos ya consolidados Los Cacaos ha sido históricamente un municipio agrícola, con cultivos de café como principal fuente de sustento.

Arrinconado por carreteras de montaña y con descenso conectividad digital, la palabra “turismo” era, hasta hace poco, ajena para muchos de sus habitantes.
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Llegó el turismo
“Cuando llegamos a charlar de ecoturismo, la comunidad tuvo que despabilarse esa palabra en el diccionario”, recuerda Cabrera entre risas, durante una conversación con el publicación El Día.

“Aquí siempre se ha vivido de la tierra. Pero vimos potencial, clima fresco, ríos cristalinos, una flora inexplorado y una concurrencia dispuesta a trabajar”.
Un sueño
Aunque el plan nació con una planificación arquitectónica modesta y sostenible, utilizando madera reciclada y materiales locales, Lechuza River Camp terminó requiriendo una inversión superior a los 15 millones de pesos.
La idea surgió cuando Cabrera, oriundo del centro de San Cristóbal, visitó la zona en Semana Santa cercano a familiares y amigos, y notó que muchos visitantes dormían en sus vehículos por yerro de opciones de hospedaje.

“Ahí nació la exigencia de que la concurrencia pudiera quedarse a pernoctar y disfrutar en realidad de la zona, no solo venir de pasada”, comenta.
Hoy, el campamento tiene capacidad para introducir hasta 100 personascon espacios que van desde tiendas de campaña (20 unidades), glampings para parejas (5 chozas) y bungalows familiares (9 unidades). El difícil opera los 365 días del añoaunque su viejo afluencia se concentra durante los fines de semana.
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Las noches en Lechuza, dice Cabrera, son su fisco más preciado: un bóveda celeste estrellado, temperaturas que en verano bajan de los 16 °C, fogatas encendidas y un sistema de luminotecnia diseñado para resaltar la belleza del bosque sin alterar su esencia.
Turismo que enraíza progreso
El impacto del ecoturismo en Calderón ha sido profundo. Más del 90 % del personal empleado por Lechuza River Camp proviene de la comunidady el 95 % de los productos agrícolas y alimentos que se sirven son adquiridos a productores locales. Adicionalmente, más de 30 personas se benefician de forma indirectaen labores de transporte, suplidores, agricultura y mantenimiento.

La iniciativa además ha traído talleres de capacitación en turismo sostenible y hospitalidadmotivando a muchos jóvenes a visualizar una alternativa económica adentro de su propia comunidad, sin exigencia de portar a la ciudad.
“Esto ha cambiado la visión del campo”, afirma Cabrera. “Ahora los comunitarios saben que pueden conducirse del turismo, que su entorno es valioso y que pueden conservarlo mientras lo comparten con el mundo”.
La belleza natural del circunscripción es innegable: cascadas, bosques y senderos serpentean entre las montañas. “Aquí hay un espacio que le llaman el ‘Valle de Jehová’. Eso está inexplorado”, dice Cabrera, con una mezcla de respeto y visión.
El ecoturismo, aunque aún en etapa auténtico, ya comienza a crear movimiento. “Hay avances en proyectos turísticos. No todo lo solicitado se ha ejecutado, pero hay inversiones, y eso genera empleos”, explica.

Los residentes reconocen el potencial, pero además los retos: mejorar las vías de entrada, formar guías locales, certificar servicios básicos y fomentar una civilización de preservación ambiental.
El nombre, el alma del plan
El nombre Lechuza surgió casi como una broma recinto. “Una vez determinado dijo ‘esto está tan remotamente como las lechuzas’, y me hizo clic”, recuerda Cabrera.
“Las lechuzas se retiran del ruido. Y ese es el concepto: un retiro, un refugio para el alma, un circunscripción donde la naturaleza es la protagonista”.






