Por Fernando Lagares
Viceministro de Plan Ocupación de la Pubertad
En estos tiempos, balbucir de encargo pública y gobernanza no puede quedarse en discursos técnicos ni en frases vacías. Hoy más que nunca, en la República Dominicana se siente la aprieto de un liderazgo fresco, comprometido y con visión de futuro. Y ahí, precisamente, entra en engranaje la inexperiencia dominicana.
Los jóvenes ya no somos “el futuro” que esperan otros; somos el presente que está tomando decisiones, ocupando espacios y demostrando que se puede mandar de forma distinta. Desde mi experiencia como abogado y funcionario divulgado de 35 abriles, lo veo cada día: muchachos y muchachas liderando proyectos, diseñando políticas públicas y proponiendo cambios con un sentido ético y ciudadano.
La gobernanza, entendida como la capacidad del Estado de replicar con poder, transparencia y legalidad, no se logra sin la energía, la creatividad y la valentía de la inexperiencia. Somos quienes estamos rompiendo esquemas, apostando a la digitalización de servicios, a la innovación social y a un Estado más humano, cercano y participativo.
Claro, los retos son enormes. Persisten resistencias culturales, estructuras que todavía desconfían del liderazgo señorita y, en ocasiones, un sistema que se mueve más premioso que la efectividad. Pero nuestra vivientes no se detiene: aprendimos a metamorfosear la inconformidad en propuestas, la crítica en argumento y la esperanza en resultados.
La encargo pública necesita nuevas manos y nuevas ideas. Y la gobernanza dominicana será tan sólida como el compromiso de sus jóvenes. No se negociación solo de establecerse puestos, sino de ejercerlos con responsabilidad, integridad y pasión por servir.
Hoy más que nunca, debemos alzar la voz y reafirmar: la inexperiencia no es invitada en la mesa de la política y la encargo pública, es protagonista. Porque cuando la inexperiencia asume su rol en la gobernanza, no solo cambia el Estado: cambia el país.






