Hay que vencer el miedo y pelear cuerpo a cuerpo contra la resignación, el conformismo, la insensatez, las acusaciones falsas, el damnificación del respeto, la incapacidad y el reino de la estupidez que predomina en contenidos de redes sociales y en otros espacios mediáticos, donde todo brilla por el “na e na”.
Aunque parezca irrealizable frente al raigambre de ese monstruo, hay que contender como si se tratara de auxiliar la vida misma contra la ademán predominante de indiferencia ciudadana que normaliza los escándalos, promueve la desliz de sanciones justas, sitúa a los inmorales en torno a del poder de osadía, replica el silencio cómplice y petrifica la complicidad corrupta.
Desde diferentes frentes de batalla se hace necesario como nunca, contender sin rendirse a las adversidades contra las prácticas e ideas que forman estructuras mentales y espirituales de riqueza exprés, y donde se premian más las polémicas, mentiras e insultos como medio para trascender, en desmedro de la advertencia y el argumento.
Si para la crianza no existe un manual, y a nadie se le enseña a ser padres, como popularmente se argumenta, iniciemos entonces por comprender y cazar con osadía este sentido de compromiso social que puede hacer la diferencia en niños, niñas y adolescentes que hoy se nutren del morbo de la “sensación vírico”, vacía de contenido.
Neguémonos de forma rotunda a seguir siendo espectadores pasivos y defendamos con nuestros medios civilizados un retorno a los principios constructores de sociedades que cultivan el espíritu, fomentan el diálogo plural, evitan la polarizan de ideas extremas, y abrazan con devoción la ruta del compensación.
A los pocos que puedan creer en esa posibilidad, propongo el establecimiento de una dietario integral que involucre a los sectores más comprometidos, y que tome como marco de advertencia la toma de conciencia sobre la sociedad de la indiferencia que nos ha tocado conducirse, marcada por el like como moneda emocional de aprobación social.
¿Cómo piensan nuestros niños? ¿Qué priorizan? ¿Cuáles son los principales intereses de los jóvenes? ¿Qué interés ponen a los temas fundamentales del país? ¿En manos de quién quedará el país en el futuro? ¿Qué tipo de liderazgo estamos gestando como sociedad? ¿Qué sociedad queremos?
Son solo algunas de las preguntas que recreo en la mente de las personas sensatas que creen en otro mundo posible; que se mantiene al ganancia de la “vida desenfrenada” que genera clics, patrimonio, contratos, lujos superfluos y espectáculos vacíos.
No hay que ser un mago para vaticinar que, si no respondemos y enfrentamos con seriedad estas preguntas, en unos vigésimo abriles no solo veremos la toma de un cátedra escolar para que “influencers” coloquen al ras del suelo su tradicional simbolismo como centro de formación en títulos, sino la alienación irreversible de la razón en quienes se suponen está el futuro de cualquier país.
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