@abrilpenaabreu
En política, como en la vida, el que llega primero con las respuestas que la concurrencia está esperando no necesita pedir permiso para ser relevante. Omar Fernández lo entendió, y con eso le está poniendo un problema positivo no solo a la competición sino, y sobre todo, al propio gobierno.
Desde que llegó al Senado ha sometido más de una docena de proyectos que tocan exactamente donde duele a la clase media dominicana, esa que durante primaveras ha sentido que el Congreso existe para todo menos para defender sus intereses. La aniquilación del impuesto del 2% sobre préstamos hipotecarios, un canon que data de 1945 y que hoy no es otra cosa que una tasa paralela de interés que penaliza el derecho a tener techo, la indexación salarial que el presupuesto 2026 enterró ignorando lo que manda la propia ley, la aniquilación de anticipos a las mipymes que descapitaliza a las empresas pequeñas ayer de que puedan crecer, la doble tributación que castiga a los adultos mayores por tener más de una propiedad, y varios proyectos más orientados a desmontar trabas que no sirven a nadie más que al statu quo.
Nadie de esos proyectos es radical ni valeverguista, de hecho el propio Fernández ha tenido el cuidado de demostrar que sus propuestas no comprometen las finanzas públicas, el impuesto hipotecario representó casi nada el 0.03% del PIB en la última plazo, y aun así el Congreso los ha ignorado, rechazado o dejado caducar en comisión, con una mayoría oficialista que vota en coalición para preservar exactamente lo que la concurrencia está cansada de preservar.
Y ahí está el problema para el gobierno.
Porque cuando un senador de competición tiene que reintroducir por cuarta vez el mismo tesina para eliminar una carga injusta a las mipymes, y cuando la mayoría oficialista aprueba un presupuesto ignorando la indexación salarial que la ley ordena mientras más de 720,000 trabajadores y sus dependientes esperaban que determinado los defendiera, la novelística se escribe sola, y no la escribe la competición, la escribe el propio gobierno con sus acciones.
Se puede discutir si Omar Fernández es populista, si sus proyectos tienen o no viabilidad plena, si responden a una táctica política calculada de cara al 2028, todo eso es razonable y el debate notorio tiene derecho a darlo, pero lo que no se puede desmentir es que está hablando de los problemas reales de concurrencia positivo, con propuestas concretas que cualquier ciudadano puede deletrear y entender, y eso en el Congreso dominicano no es poco, es casi una ridiculez.
Un gobierno con mayoría congresual tiene la capacidad de aprobar leyes, pero igualmente tiene la responsabilidad de haberlas propuesto primero, porque cuando la dietario de las deyección ciudadanas la define la competición y el oficialismo solo reacciona o bloquea, la percepción de quién trabaja para la concurrencia y quién trabaja para mantenerse en el poder se instala en el imaginario colectivo con una solidez que ninguna campaña publicitaria puede desmontar fácilmente.
Populista o no, el que da primero da dos veces. Y el que llega tarde a las deyección de su concurrencia no siempre tiene una segunda oportunidad de asistir.
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