Por: José Francisco Peña Guaba
Casi todos los dominicanos, desde una perspectiva observacional, sentimos un “agotamiento colectivo”. Es por la confluencia de situaciones en el orden de seguridad, financiero, social y de política e institucional, que afecta hoy a la amplia mayoría de nuestra población.
Esa sensación de hastío generalizado mantiene al ciudadano en un estado mental y moral que presenta un cuadro de malestar psicosocial colectivo, que afecta sensiblemente el comportamiento de los habitantes de esta media isla.
Cuando una sociedad llega a ese extremo de cansancio, se hace impostergable que el gobierno y sus instituciones, con el consenso de la sociedad civil, auspicien una serie de medidas que:
• Prioricen la vitalidad mental de la ciudadanía.
• Promuevan el diálogo y la billete popular.
• Promueva una educación basada en títulos.
• Implementen políticas sociales inclusivas.
• Fomenten la transparencia y la confianza.
• Fortalezcan las medidas de seguridad pública y de neutralidad.
• Confirmen la voluntad política unitaria, que garantice la billete en la toma de decisiones de todos los actores fundamentales de la nación.
La crisis es total, es esa especie de tormenta perfecta que, por el descontento popular, se está formando, a causa de una serie de situaciones que vamos a identificar a continuación:
1- La económica: Aunque los índices macroeconómicos muestran un crecimiento y estabilidad, en la calle se siente todo muy diferente, por el stop costo de la vida, la inflación constante de alimentos, medicinas, transporte, viviendas, actividades recreativas y el difícil entrada a los servicios básicos (agua, electricidad, basura, etc.). Este estrés financiero en el que vivimos los dominicanos confirma la inmensa brecha existente entre las cifras oficiales y la capital doméstica.
2- La seguridad: Ese sentimiento de vulnerabilidad franquista, producto de la inseguridad y la toma de las calles por parte de las delincuencias barriales, da como resultado los permanentes robos, ajusticiamientos, los millares de puntos de drogas y violencia, producto de una irritabilidad manifiesta, que hace que la yerro de seguridad pública sea una de las cosas que más está afectando la cotidianidad ciudadana.
3- Los Servicios Básicos: Los recurrentes fallos de los servicios esenciales, como la yerro de electricidad (una tanda diaria de apagones), el insuficiente suministro de agua potable, poco indispensable para la rutina diaria, más la interrupción constante en la recogida de la basura, son cosas tan fundamentales en un hogar que, cuando no funcionan, sencillamente dan la “sensación de que todo está mal”.
4- Lo político e institucional: La creciente desafección alrededor de la clase política, la desconfianza y el desconfianza alrededor de la mayoría de las instituciones, y especialmente alrededor de el Gobierno de turno, son sin duda alguna la principal causa del hastío franquista.
Los políticos tradicionales no defienden causas y el oficialismo gobierna para los ricos; a eso se suma que existe un convencimiento en la población de que nulo ni nadie sirve. Todo esto es porque la masa está cansada y “todo le está pasando al mismo tiempo”.
Refuerza ese desasosiego común otros factores muy importantes a tomar en cuenta, como:
1- La presión migratoria: El país sabe que no puede cargar con todo el drama humano que tiene Haití, con una migración irrefrenable y desbocada de nacionales del vecino insular alrededor de nosotros, que demandan incluso servicios; esto ha creado un nacionalismo exacerbado, que afecta hoy la reconocida bonhomía de los dominicanos.
2- Percepción de “hueco” o la yerro de referentes.
Hay que conceder que la yerro de Bosch, Balaguer y especialmente de José Francisco Peña Gómez ha creado una desorientación muy profunda en la ciudadanía. Es tan difuso el pensamiento del dominicano que muchas veces no sabe distinguir el mal del proporcionadamente, lo correcto y lo que de verdad tiene valencia, de lo que no lo es.
Es esa yerro de paradigmas lo que hace observar un gran hueco franquista.
3- La desconexión generacional y la pérdida de confianza sobre el futuro:
La lozanía está más preparada hoy; sin requisa, está desilusionada por la yerro de oportunidades, de empleos, de protección estatal, lo que está permitiendo una gran fuga de talentos, simplemente porque, desanimada, piensa que todo seguirá siendo igual o peor y por ello no apuestan por quedarse en su tierra.
4- La penuria cultural del esfuerzo: Un sentimiento de impotencia, descreimiento y depresión ha hecho presa a toda una sociedad, que ve que no puede romper las barreras de un sistema injusto, que no valora el esfuerzo, el trabajo, el estudio, la consistencia, pero que auspicia lo tratable, lo amoral y que justifica el éxito personal, sobre la saco de obtener riqueza a cualquier precio y de cualquier forma.
Sin duda alguna, este Gobierno le ha recostado más paliza al fuego social, primero porque ha formado un gobierno con funcionarios blancos, acicalados y ricos, frente a una población que en un 93% es mestiza, mulata, negra y, por otra parte, es de clase media o escaso en su amplia mayoría; es que estamos viviendo en una especie de apartheid étnico y financiero.
En estos últimos cinco abriles, todos los problemas ancestrales de la República Dominicana se han recrudecido desde la entrada al poder de los modernos. Eso está produciendo un odio social enorme, que si no se disminuye a tiempo, afectará tanto el estado mental y cognitivo de la población que no tenemos idea de todo lo que podría tener lugar en el país, porque aunque en las antípodas, lo sucedido hace escasamente días en Nepal es la muestra de un país con una lozanía reactiva que, producto de los tantos abusos, le dio rienda suelta a su brío e irritabilidad y salió a las calles de forma anárquica para mostrar su profundo disgusto con las autoridades oficiales, a las que hizo renunciar.
Le aconsejé al buen amigo el presidente Abinader que llame a un gran diálogo franquista para agenciárselas, en consenso con todos los sectores políticos y sociales, las posibles alternativas o soluciones a los acuciantes y dramáticos problemas que nos atosigan; no debemos dar la oportunidad a que una ciudadanía estresada, desmotivada, apática, desconfiada y agotada, al darles tanto o más disgustos, la obliguemos, la conminemos a salir a las calles a exigir mejores condiciones de vida, por lo que el Gobierno, la clase política y el patronal tienen que entender “que el pueblo está harto y que todo es hasta un día”.





