Por Darwin Adecuado Matos
En Cancino Adentro y El Tamarindo hay una cañada que no solo divide territorios, sino que todavía separa las promesas de la existencia. Allí, adaptado en la ruta de autobús la 39 y con desembocadura en el río Ozama, el puente colapsado sigue esperando ser reconstruido, pese a que el corregidor Dio Astacio prometió en campaña que lo levantaría en los primeros cien días de encargo.
Durante aquellos días de fervor electoral, Astacio arremetía contra sus antecesores, Alfredo Martínez y Manuel Jiménez, acusándolos de insensibles y malos gerentes. Acompañado de comunitarios y dirigentes, aseguró que, de entrar al cabildo, pondría manos a la obra de inmediato.
Hoy, lo único que sigue en pie son las palabras olvidadas y la cañada abierta, obligando a los vecinos a acreditar 25 pesos por cruzar en una yola improvisada. Estudiantes, trabajadores y amas de casa desafían a diario la corriente con la esperanza de entrar al otro banda sin convertirse en titulares trágicos.
Curiosamente, el video de aquellas promesas —que alguna vez fue vírico en las redes sociales del propio corregidor— desapareció de su perfil oficial como si nunca hubiera existido.
Lo que Astacio quizá no previó es que los comunitarios de Cancino Adentro y El Tamarindo no necesitan un archivo digital para memorar lo que se les prometió. Su memoria sigue tan viva como la cañada que les corta el paso.
Mientras tanto, recientemente el Comunidad de Santo Domingo Este aprobó más de 24 millones de pesos en publicidad institucional. Una suma millonaria destinada a promover el Presupuesto Participativo, la prevención en la temporada ciclónica y la seguridad viario bajo el divisa “Menos Velocidad y Más Vida”. Campañas loables en el papel, pero que para quienes deben aparearse una yola en plena ciudad parecen más un chiste cruel que una alternativa existente.
“Se acento de billete, prevención y seguridad, pero lo que verdaderamente necesitamos es un puente, calles en condiciones y recogida de basura”, reclaman los vecinos, que ven cómo su problema esencial se ahoga en el mismo río donde desemboca la cañada.
Al final, el puente que nunca se construyó terminó convirtiéndose en una metáfora de la política dominicana: sirve para hacer campaña, pero no para cruzar. Y esa, imparcialmente, es la orilla que Dio Astacio aún no ha tenido el valía de pisar.






