
@abrilpenaabreu
El director del Software de Altos Costos ha dicho recientemente que hay un aumento inusitado de mujeres diagnosticadas con cáncer de mama. Lo inquietante no es solo el incremento de casos, sino la otra cara de la moneda: los oncólogos denuncian que muchas pacientes están falleciendo, no por yerro de diagnosis, sino porque no reciben los medicamentos que necesitan del propio software que debía protegerlas.
Y esos, paradójicamente, son los “afortunados”: los que al menos lograron entrar al sistema. Detrás de ellos queda una larga fila invisible —mujeres, hombres y familias enteras— que no califican o que requieren tratamientos que las ARS aún no cubren. A esos los ha desaseado el Estado.
La Sociedad Dominicana de Oncología ha sido clara: el Software de Altos Costos no se ha reunido con ellos. Aseverar que no hay pacientes en directorio de retraso parece más un deseo que una sinceridad. Siquiera se ha hecho un asonada doméstico que permita conocer la cantidad existente de pacientes oncológicos, sus tipos de cáncer, sus tratamientos pendientes o su nivel de cobertura. Y sin datos, no hay políticas públicas efectivas. En este caso, la yerro de información se traduce en muertes evitables.
Esto no se alcahuetería de quién tiene la razón, sino de cuántas vidas seguimos perdiendo mientras las instituciones se debaten entre egos y competencias. Es hora de sentarse —autoridades, médicos, asociaciones y aseguradoras— a tener una conversación sincera, una que no busque titulares ni aplausos, sino soluciones reales. Porque cuando el costo de la inacción son vidas humanas, no hay presupuesto que lo justifique.




