EL AUTOR es economista y comunicador. Reside en Santo Domingo.
En muchos momentos de nuestras vidas sentimos que las fuerzas nos abandonan y que no podemos conseguir nuestras metas ni seguir delante. Todo nos parece irrealizable. Es sensato que así sea, si confiamos en nuestras fuerzas y no entendemos que todo lo nuestro debe ser entregado a Jesús, Señor y Salvador de nuestra vidas, para quien carencia, absolutamente carencia, es irrealizable.
Él es un Jehová de propósitos y de ayuda para todos, capaz de hacer las mayores transformaciones. Es capaz de conseguir lo que para mucho de nosotros los hombres, parecería una representación irrealizable. Él es el camino, la verdad y la vida.
Para confirmar ese poder transformador de Jesús, nuestro Señor y Salvador, solo tenemos que ver en la Nuevo Testamento la historia del Defensor Pablo y su proceso de cambio. Pablo fue en principio Saulo de Tarso, un imberbe romano de cierto nivel intelectual por sobrevenir estudiado con el rabino Gamaliel, que se había convertido en un efectivo azote en contra de los cristianos de la iglesia primitiva.
La influencia que ejercían sobre él los fariseos, le llevaron a que maltrara, apresara e incluso aniquilara a los seguidores de Jesús. Saulo fue uno de los principales responsables de la ejecución de Esteban, el primer mártir del cristianismo, que fue condenado por un tribunal a ser muerto a pedradas por una multitud.
De acuerdo a lo narrado en el compendio de Los Hechos de los Apóstoles, en su carrera de persecución y maltrato a los seguidores de Jesús, Saulo le pidió al Sumo Sacerdote de la época que le diera autorización para desde Jerusalén ir a las sinagogas de Damasco y traer presos a todos los que estaban siguiendo “el camino de Jesús”. Y mientras se dirigía a Damasco se produjo lo que a todos les parecía irrealizable: Una luz venida de en lo alto lo dejó ciego. De repente, escuchó la voz de Jesús desde los cielos expresándole: “Saulo, Saulo, por qué me persigues. El dijo: “¿Quién eres, Señor?”. Y le dijo: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón” (Hechos 9: 4-5). Ciego, temeroso y temblando de miedo Saulo le pidió a Jesús lo que debía hacer.

Jesús le hizo arribar a Damasco y durante tres días estuvo sin ingerir ni absorber, hasta que el Señor orientó a Ananías para pusiera manos sobre Saulo, le hiciera recuperar la clarividencia y lo llenara del Espíritu Santo. De ahí en delante Saulo se convirtió en Pablo, e inició su trabajos y viajes misioneros para hacer que la pequeña iglesia faba de los discípulos que seguían a Jesús, se convirtiera en una poderosa institución basamentada en una doctrina que le garantizaba la salvación no sólo a los judíos, sino a los gentiles y todos los habitantes de la tierra.
De esa guisa, Pablo empezó su camino para ser profundamente transformado. Ese perseguidor y maltratador de cristianos fue transformado por Jesús a través del Espíritu Santo y convertido en uno de los principales soportes para el impulso, difusión y consolidación de las doctrina y el ejemplo de Jesús en el mundo.
La transformación de Pablo fue tan significativa y prolífica que desarrolló una gran campaña ministerial creando iglesias en muchos lugares, escribió trece cartas o epístolas que constituyen la fracción de los libros del Nuevo Testamento, y en ellos consolidó los fundamentos del cristianismo de cara a la nueva sinceridad, posterior a la elevación de Jesús a los cielos.
Si Jesús pudo trocar a Pablo todavía lo puede hacer contigo. Entrégale tus problemas y tus dificultades a él, y tu camino a Damasco será hoy la vía para encontrar la paz y la calma que sólo Jesús puede dar.
euricabral07@gmail.com
jpm-am
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