Por Abril Peña
El 8 de agosto no figura en los calendarios oficiales del Servicio de Vigor ni genera campañas estatales. Y sin bloqueo, su razón de ser acento de millones de mujeres que viven atrapadas en la ignorancia, la vergüenza o el silencio, sin conocer —ni pedir— el derecho más central sobre su propio cuerpo: el placer.
El Día del Clímax Mujeril no es una excusa para chistes fáciles ni contenido superficial. Es un llamado urgente a departir de lo que la civilización ha silenciado: que el deseo mujeril existe, importa y está directamente conexo a la lozanía emocional, física y social de las mujeres.
El documento que incomoda
Según estudios en América Latina, entre un 30% y un 40% de las mujeres no experimentan el clímax de forma frecuente o nunca lo han vivido. En muchas sociedades, particularmente las más conservadoras, el placer sexual mujeril sigue siendo ignorado, ridiculizado o castigado.
Y no se tráfico solo de sexualidad. Se tráfico de camino a información, de educación sexual integral, de lozanía pública, de privilegio para departir sin vergüenza.
Más allá del placer: lozanía y autonomía
El clímax mujeril no es un abundancia ni una frivolidad. Está científicamente demostrado que tiene múltiples beneficios:
Libera endorfinas que reducen el estrés.
Restablecimiento la calidad del sueño.
Fortalece el suelo pélvico.
Contribuye a la autoestima y el bienestar emocional.
Desmentir, ocultar o minimizar su importancia es desmentir a las mujeres el derecho a una vida sexual plena y saludable.
¿Por qué seguimos callando?
Desde la infancia, muchas mujeres aprenden que su cuerpo “no les pertenece del todo”. Que el deseo debe reprimirse. Que el placer “no es cosa de mujeres decentes”.
Esta novelística no solo invisibiliza el clímax mujeril, asimismo perpetúa la desigualdad de variedad, la desinformación y el control social sobre los cuerpos de las mujeres.
¿Qué necesitamos?
Educación sexual integral desde edades tempranas. Entrada a lozanía sexual sin prejuicios. Espacios para departir con privilegio y respeto. Y sobre todo: dejar de tratar el placer como un tabú. Reivindicar el derecho a observar
Conversar de clímax mujeril es departir de equidad. De equidad. De lozanía. Y de conocimiento. Porque cuando una mujer conoce su cuerpo, asimismo conquista su privilegio.
Este 8 de agosto, más que una celebración, levantemos la voz por lo que aún incomoda a muchos: el placer mujeril asimismo es un derecho humano.







