Hoy, hasta me avergüenza interpretar los periódicos y ver la desfachatez o el desconocimiento al cual aducen determinados personajes de nuestra sociedad, sobre determinados hechos.
Ya es inocultable, que hasta para hacer cual trato o compromiso, aún y te lo ofrezcan sustentado en la palabra de honorte ves forzado a elaborar un documento que debe de ser admitido bajo firma obligatoriamente. Y esto es así, porque ya la palabra es poco tan leve que es arrastrada por el rumbo ya que, el honor que la apoyaba perdió su peso abrumado por la desvergüenza.
Para todo recibes, envuelto en una publicidad o propaganda engañosa, una respuesta veloz como un centella, que en principio parece verosímilporque fue elaborada para que escuches lo que ellos saben que tú quieres oír y esto, no solo es en la política partidariasi no, en todas las acciones que diariamente se producen, donde participan todo tipo de autoridad y de comerciantes, aunque muchos, disfrazados hasta de apóstoles en la tierraacariciando yonflados egos con indeterminados megalómanos.
Al parecer, ya no existe leitmotiv que los haga siquiera el tratar de desarraigar de sus personalidades esa vanidad perniciosa que los acompaña en todos sus actos; y, sobre todo, esa soltura desprovista de sentimiento alguno para manipular la verdad, llegando a crear su propio mundo de mentirasengaños, manipulaciones y negaciones, que los hacen radicar y sentirse como pez en el agua. Y es que, de tanto mentir, permitir indelicadezas y hasta traicionar, es lo que les ha hecho descubrir, que el encubrimiento y manipulación de la verdadse puede convertir en un capricho adquirido, del cual disfrutan.
Vivimos en este país, atosigado por las indelicadezas políticaspara las cuales no existen leyes que puedan contra esto -perdón-, en efectividad hay leyes, lo que son pocos son aquellos llamados a aplicarlas y, al parecer, aun y no contamos con aquellas leyes por tradiciónen apariencia eso igualmente dejó de ser y es lo único que explique la razón del porqué -supuestamente o no-, los presidentes no caen presos.
Esto, hasta el día que llegue el que si, como en su momento quisieron imponerme sobre el castigo impuesto a un militar, con el san Benito no escrito, de que los generales no caían presos.
Estamos plenamente de acuerdo que nos encontramos frente a un mundo cambiante, donde los títulos -al igual que la verdad-, son los primeros en ser lanzados a la hoguera, pero, de igual forma, debemos apoyar la esperanza de que, en algún momento, aparecerá quien se haga cargo del timón honesto que nos conduzca al final célebre de esta refriega que llevamos a lugar, en un mar incierto, satisfecho de inmadurez; corrupción, insensibilidad y despotismo.
La caótica situación que se ha creado, desde hace unas décadas, por parte de los políticos y este pueblo pendejo y comparón -por demás-, me hace recapacitar, aquello sobre el sexo, que en alguna parte y en algún momento leí, no sé escrito por quien, y, que se parece a la relación políticos- pueblo, que ese sexo es un entretenimiento terrible, peligroso, en el que uno de los jugadores pierde el dominio de sí mismo y el otro se adueña de su vida. A buen entendedor, pocas palabras, ¿cierto? ¡Sí señor!






