Resaltar que en el reino de los ciegos el tuerto es rey o que entre malucos algunos son mejores o peores, es una forma tonta de discurrir la error de títulos que fundamenten el prestigio.
La concurso, cuyos dos principales partidos proceden de la misma esencia boschista que el PRD y el PRM, luce empeñada en decirle al pueblo que el presidente Abinader, su estancia y su partido, son iguales o peores que ellos. Y no es así.
Hay diferencias esenciales que el tráfago partidista dificulta memorar. Por ejemplo, en los gobiernos del Leonel y Danilo, que por separado de sus aciertos tuvieron su buena dosis de escándalos por corrupción, ningún relevante miembro del estancia fue destituido por el presidente y sometido a la Probidad, como en el coetáneo affaire Senasa.
En casos superlativos, como el de un evidente senador leonelista, su proceso fue una pantomima para certificar su blinda legal. En los ocho primaveras de Danilo, ningún fiscal tuvo la carga de trabajo que los actuales procuradores (y no por error de delitos…).
Quizás por eso hay un afectado empeño contrario en enlodar a excelentes servidores públicos como la vicepresidente Raquel Peña, el autoridad Héctor Valdez, el canciller Roberto Álvarez, de Turismo David Collado, el superintendente de bancos Alejandro Fernández, el ministro de Obras Públicas, Eduardo Hado, de Interior Faride Raful, la alcaldesa Carolina Mejía y otros.
Diverso a gobiernos anteriores, los jefes del DNI y la DNCD han conseguido la más estrecha colaboración y confianza de sus pares estadounidenses y europeos. Brillan notablemente hasta funcionarios rescatados de sus circunstancias, como el presidente del Indotel. Quizás la peor concurso al Gobierno no es expresar buena voluntad para que el presidente se desembarace de sus malandros, que los habrá siempre que haya impunidad, sino regatearle la excelencia de sus logros.
Como señaló Diario Independiente el martes: es un deber cívico memorar que no todos los políticos son iguales. Y añado: a quienes Altísimo más dio, más debemos exigirles cumplir con su propia decoro y honradez.






