
Yotin Pérez | Foto: Fuente externa
Los reportajes publicados por The Times han destapado uno de los mayores cuestionamientos al sistema de maternidad inglés en las últimas décadas. Lo que comenzó como un movimiento para promover el parto fisiológico y respetado terminó, en algunos centros, transformándose en una ideología rígida donde la seguridad dejó de habitar el primer plano. El resultado: retrasos en intervenciones críticas, fallas institucionales, y familias que hoy cargan con daños evitables.
El corazón del escándalo no está en la partería moderna ni en la búsqueda de humanización —ambas necesarias—, sino en cómo ciertos grupos, programas universitarios y discursos institucionales convirtieron al “parto natural a toda costa” en un dogma. Los artículos de The Times revelan que parte del personal estaba siendo formado para defender una filosofía, no para ejecutar emergencias obstétricas. Y cuando la teoría chocó con la fisiología, fueron las madres y los bebés quienes pagaron el precio.
Una formación académica inclinada alrededor de la ideología
La investigación periodística muestra que algunas escuelas de partería en Reino Unido impartían contenidos sesgados: minimización de riesgos, rechazo a la vigilancia fetal, resistor a la inducción o a la cesárea aun cuando estaban clínicamente indicadas.
El problema se agravó cuando esos egresados llegaron al sistema de sanidad sin el entrenamiento suficiente para rebuscar situaciones de peligro. La idea de que el principio es “puramente instintivo” se impuso sobre la evidencia. En algunos casos, incluso se alentó la desconfianza alrededor de los obstetras, rompiendo el trabajo en equipo que salva vidas.
Un sistema presionado por metas institucionales
Los reportajes evidencian que varios hospitales fueron presionados durante abriles para sujetar sus tasas de cesáreas, no mediante disección clínico, sino a través de metas administrativas. Esto llevó a decisiones tardías, vigilancia inadecuada y fallas graves en la respuesta a emergencias como sufrimiento fetal agudo o hemorragias severas.
Lo que surgió como un intento de humanizar la atención terminó degenerando en un maniquí donde la intervención se veía como un fracaso, aun cuando era la única opción segura.
El costo humano del dogmatismo
Las familias entrevistadas describen patrones similares: señales de emergencia ignoradas, traslados tardíos a unidades de viejo complejidad y personal que privilegiaba una novelística por encima de la condición vivo de la paciente.
La consecuencia fue devastadora: bebés con daño neurológico, madres que enfrentaron complicaciones graves y casos investigados como potencial negligencia institucional.
Este escándalo ha motivado revisiones nacionales, auditorías independientes y una discusión profunda sobre cómo la ideología se infiltró en la formación y en la praxis.
¿Y República Dominicana? La advertencia es clara
Nuestra existencia es distinta en estructura, pero no ajena en riesgos. En los últimos abriles han surgido en el país corrientes que promueven el “freebirth” (parto sin concurrencia profesional), o que colocan a actores sin formación clínica en roles decisionales en el proceso de parto. Algunas de estas corrientes están vinculadas a movimientos internacionales como Free Birth Society (FBS), cuya filosofía es idéntica a la que hoy está siendo cuestionada en Reino Unido: la idea de que el parto es un proceso exclusivamente intuitivo, sin aprieto de profesionales, hospitales ni vigilancia científica.
A esto se suma la proliferación de cursos privados de dudoso rigor, influencers que desinforman sobre riesgos obstétricos, y la partida de un ámbito regulatorio que defina claramente quién puede flanquear, quién puede atender y qué competencias se requieren.
En un país donde la mortalidad materna sigue siendo un desafío crítico, ignorar este decorado sería valeverguista.
La aprieto de regular la praxis en RD
El caso inglés deja una enseñanza sólido: cuando se normaliza la atención obstétrica fuera de la evidencia, las consecuencias son inevitables. República Dominicana necesita avanzar en:
- Regulación oficial de doulas, parteras y acompañantes, con competencias definidas y límites claros en su intervención.
- Supervisión de cursos, talleres y formaciones privadas que enseñan prácticas clínicas sin aval clásico.
- Obligación judicial de remisión temprana delante cualquier signo de emergencia en partos domiciliarios o fuera de centros complejos.
- Campañas nacionales para contrarrestar la novelística que romantiza riesgos y desinforma a las gestantes.
- Fortalecimiento del trabajo colaborativo entre obstetras, enfermeras y personal auxiliar, sin antagonismos ni discursos ideológicos.
Humanizar sí; irresponsabilizar no
La experiencia británica demuestra que la humanización no está reñida con la ciencia. Lo que sí es incompatible es sustituir la evidencia por doctrinas. La seguridad materna se construye con comparsa, respeto, vigilancia clínica y decisiones oportunas, no con filosofías que ignoran la naturaleza impredecible del vergüenza.
República Dominicana tiene la oportunidad —y la obligación— de proceder antiguamente de radicar un escándalo similar. El caso del Reino Unido no es un incidente separado: es una advertencia general. Y hoy más que nunca, nuestro país debe robustecer su ámbito regulatorio, proteger a las gestantes y sostener que cada principio ocurra con humanidad, sí… pero igualmente con responsabilidad.
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