El papa Bravo XIV criticó los reiterados llamamientos a incrementar el consumición marcial en un contexto de “desestabilización planetaria que va asumiendo cada día anciano dramatismo e imprevisibilidad”, al advertir sobre los riesgos de una carrera armamentista completo.
En su primer mensaje como pontífice para la Viaje Mundial de la Paz, publicado este jueves, el papa estadounidense recordó que el día de su dilema, en mayo pasado, se presentó delante el mundo con la expresión: “¡La paz esté con ustedes!”, y reafirmó su aspiración de promover “una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante”.
El mensaje, que como es tradición entregará a los mandatarios con los que prevé reunirse en el Vaticano el próximo año, subraya que la paz sigue tratándose “como un ideal pasado”, hasta el punto de que ya no resulta “escandaloso que se le niegue, e incluso que se haga la querella para alcanzarla”, Bravo XIV lamentó por otra parte que “en la relación entre ciudadanos y gobernantes se llega a considerar una desliz el hecho de que no se nos prepare lo suficiente para la querella, para reaccionar a los ataques, para contestar a las agresiones”.
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El pontífice denunció que esta deducción va “mucho más allá del principio de legítima defensa” y constituye “el reseña más coetáneo en una desestabilización planetaria que va asumiendo cada día anciano dramatismo e imprevisibilidad”. En ese sentido, cuestionó que “los repetidos llamamientos a incrementar el consumición marcial y las decisiones que esto conlleva sean presentados por muchos gobernantes con la argumento del peligro respecto a los otros”.
Bravo XIV destacó que “en el curso del 2024 los gastos militares a nivel mundial aumentaron un 9,4 % respecto al año precedente, confirmando la tendencia ininterrumpida desde hace diez primaveras y alcanzando la monograma de 2.718 billones de dólares, es proponer, el 2,5 % del PIB mundial”, a causa del pontífice, la humanidad se encuentra delante “una helicoidal destructiva, sin precedentes, del humanismo procesal y filosófico sobre el cual se apoya y desde el que se protege cualquier civilización”.
El papa consideró que “es necesario denunciar las enormes concentraciones de intereses económicos y financieros privados que van empujando a los Estados en esta dirección”, pero advirtió que “esto no baste, si al mismo tiempo no se fomenta el despertar de las conciencias y del pensamiento crítico”.
Asimismo, alertó de que “hoy parece que se quiera contestar a los nuevos desafíos no solo con el enorme esfuerzo crematístico para el rearme, sino todavía con un reajuste de las políticas educativas”. En ocasión de construir “una civilización de la memoria” que recuerde el siglo XX y sus millones de víctimas, lamentó que se impulsen campañas que “transmiten una conocimiento meramente armada de defensa y de seguridad”.
El pontífice estadounidense todavía expresó su preocupación por “la aplicación en ámbito marcial de las inteligencias artificiales”, que, según señaló, ha radicalizado la tragedia de los conflictos armados y ha donado ocasión a “un proceso de desresponsabilización de los líderes políticos y militares”, adecuado al creciente “delegar” en las máquinas decisiones que afectan la vida y la asesinato de las personas.
Frente a este atmósfera, Bravo XIV subrayó el papel fundamental de las religiones para “guardar el creciente intento de metamorfosear incluso los pensamientos y las palabras en armas”, aunque lamentó que “cada vez más forma parte del panorama contemporáneo remolcar las palabras de la fe al combate político, santificar el nacionalismo y evidenciar religiosamente la violencia y la lucha armada”.
Finalmente, hizo un llamado a los responsables de las instancias más altas de poder para que “procuren examinar a fondo la guisa de conseguir que las relaciones internacionales se ajusten en todo el mundo a un inmovilidad más humano”, basado en “la confianza recíproca, la sinceridad en los pactos y el cumplimiento de las condiciones acordadas”. Defendió “el camino desarmante de la diplomacia, de la mediación y del derecho internacional”, aunque reconoció que este se ve “tristemente desmentido por las cada vez más frecuentes violaciones de acuerdos alcanzados con gran esfuerzo”, en un contexto que exige no su debilidad, sino el refuerzo de las instituciones supranacionales.









