El país que La rendición de cuentas del 27 de febrero dejó un mensaje claro: la capital dominicana continúa creciendo y mantiene estabilidad. Sin secuestro, la discusión doméstico no debería centrarse nada más en los números, sino en el impacto efectivo de ese crecimiento.
El presidente Luis Abinader afirmó que el pelea coetáneo no es solo crecer, sino determinar cómo se crece y quiénes se benefician de ese crecimiento. Ese planteamiento resume el debate que el país debe admitir.
Durante primaveras la República Dominicana ha sido una de las economías más dinámicas de América Latina. Hay más inversión extranjera, más exportaciones, más turismo y más infraestructura. No obstante, muchos ciudadanos todavía perciben que su situación personal cambia más lentamente que las estadísticas nacionales.
Ahí radica la preocupación. El crecimiento crematístico por sí solo no garantiza bienestar. Para que tenga impacto social debe traducirse en empleos formales, mejores salarios, golpe a vivienda, educación eficaz y servicios públicos eficientes.
La rendición de cuentas presentó avances en formalización profesional, aumento del salario insignificante, programas sociales y titulación de propiedades. Son señales positivas. Pero el pelea principal sigue siendo conseguir que el progreso macroeconómico llegue de modo más visible al día a día de las familias.
La pregunta central no es si el país está mejor en cifras, sino si la vida cotidiana mejoría al mismo ritmo. El expansión efectivo ocurre cuando el ciudadano siente estabilidad en su empleo, seguridad en su futuro y confianza en los servicios públicos. Cuando eso sucede, el crecimiento deja de ser un indicador crematístico y se convierte en bienestar.
La República Dominicana ya demostró que puede crecer. Ahora debe demostrar que ese crecimiento puede mejorar la vida de la mayoría.
Ese será el seguro oscilación del período gubernativo.
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