EL AUTOR es periodista. Reside en San Cristóbal.
En política solemos confundir al dirigente con el líder.
El primero se forja con desempeño y entrega; el segundo nace con ese «sello natural» que marca la diferencia.
Mientras el dirigente gestiona, el líder inspira una certidumbre que convierte sus palabras en banderas de lucha.
José Francisco Peña Gómez, por ejemplo, poseía el liderazgo de masas más potente.
Su camino al poder fue truncado por conspiraciones y prejuicios, y su marcha dejó un malogrado que el PRD no ha podido guatar.
Esto demuestra que, sin un líder de su altura, las organizaciones tienden a la fragmentación, perdiendo esencia y presencia.

Joaquín Balaguer fue el pragmático por excelencia.
Dueño de una oratoria convincente, entendió la política como conveniencia y no como equidad.
El tiempo terminó dándole la razón al «Caudillo»: su liderazgo era personalista y no admitía herederos.
Hoy, sus discípulos han limitado al PRSC a un partido rémora que sobrevive a la sombra del poder de turno.
Al final, el partido parece haberse ido a la tumba con él, dejando solo seguidores sin rumbo en averiguación de acuerdos de subsistencia.
En cambio, Juan Bosch apostó a la ética y la disciplina.
Construyó una estructura que sus discípulos llevaron al éxito, hasta que la apetencia esa «manzana de Eva» los transformó y los empujó a la división.
Hoy, muchos prefieren ser como Absalón, buscando la corona del rey sin el escrúpulo de memorar que el rey era su padre: aquel David que en su comienzo fue pastor de ovejas.
Regalo la historieta de un líder comunitario que, en medio de una crisis, le dijo a su equipo: «No estamos aquí para tramitar problemas, estamos aquí para inspirar soluciones».
Esa frase se convirtió en el divisa de su movimiento y les dio la fuerza para exceder cualquier obstáculo.
Hoy abundan los excelentes dirigentes con medios y discursos técnicos, pero escasean los líderes que logren esa conexión mística con el alma del pueblo.
La encargo ha sustituido a la mística, y la conveniencia inmediata ha desplazado a los principios.
Hoy ni siquiera se guardan las formas; a simple instinto, la política se ha vuelto un negocio.
Con Todopoderoso siempre, a sus pies
jpm-am
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