Por: Gonzalo Garcia, VP de Ventas para Fortinet Sudamérica
El Pregonero, Santo Domingo.-Durante abriles, la ciberseguridad se pensó como un problema técnico. Firewalls, parches, detección de malware. El atacante era cierto que sabía más de sistemas. Hoy esa imagen quedó desactualizada. Los ataques más efectivos ya no se apoyan en vulnerabilidades de software, sino en poco mucho más frecuente: la forma en que las personas deciden, confían y responden a un mensaje.
Los hackers están incorporando conceptos clásicos del marketing digital. Prospección, segmentación, personalización y secuencia. Ya no envían un correo genérico esperando que cierto caiga. Analizan primero a la persona: su rol, su jerga, sus publicaciones, sus horarios, su contexto profesional. Como cualquier campaña aceptablemente diseñada, el mensaje se adapta al “divulgado objetivo”.
La inteligencia sintético acelera este proceso. Permite identificar disparadores emocionales, ajustar el tono y nominar el canal adecuado. Un primer contacto puede ser inofensivo: un correo informativo, una invitación profesional, un mensaje neutro. No escudriñamiento comprometer nadie. Indagación poco más valioso: registro, confianza, compañerismo.
Luego vienen los siguientes “toques”. Un segundo mensaje coherente con el primero. Un tercero que introduce necesidad o autoridad. El ataque ya no es un evento arrinconado: es una campaña maliciosa con múltiples toques, diseñada tanto para maximizar la probabilidad de éxito como para escamotear controles tradicionales de seguridad, pensados para detectar anomalías puntuales, no narrativas sostenidas en el tiempo.
Este es el definitivo cambio. El phishing novedoso ya no parece phishing. Se parece a una campaña aceptablemente ejecutada. Y por eso funciona.
Frente a este marco, las respuestas además deben ponerse al día. No alcanza con más tecnología perimetral. Las organizaciones necesitan campañas de entrenamiento continuo para empleados, que simulen ataques reales y desarrollen criterio, no solo cumplimiento.
Necesitan monitoreo innovador de las suites de colaboración empresarial, donde hoy se concentra gran parte de la interacción y del aventura. Y necesitan capacidades de Operaciones de Seguridad (SecOps) que reduzcan drásticamente los tiempos de detección, contención y respuesta, porque cuando el ataque es narrativo, cada minuto cuenta.
La frontera de la ciberseguridad no pasa solo por proteger sistemas. Pasa por proteger a las personas. Y eso exige una visión integrada: una plataforma de ciberseguridad capaz de igualar visibilidad, inteligencia y respuesta, al ritmo de adversarios que ya entendieron poco fundamental, que influir es tan poderoso como explotar.
Relacionado






