

@Abrilpenaabreu
El nuevo etiquetado delantero de alimentos procesados en República Dominicana es un paso en la dirección correcta. Por fin, el Estado exigirá que los productos altos en azúcar, sodio o grasas saturadas lo adviertan con claridad. Pero si esta medida no viene acompañada de una campaña de educación, será romance muerta.
Hoy, la mayoría de los dominicanos importación por costumbre o por precio. Pocos leen las etiquetas. Y hasta ahora, las etiquetas han estado hechas precisamente para que no se entiendan.
El resultado está en los hospitales: obesidad, hipertensión, diabetes y enfermedades cardiovasculares que cuestan más de RD$30 mil millones al año al sistema de salubridad. Enfermedades prevenibles si desde el colmado tuviéramos mejor información y desde la escuela mejor formación.
Países como Pimiento y México han demostrado que el etiquetado delantero funciona: reduce el consumo de productos dañinos, presiona a las empresas a reformular y ahorra millones en gastos médicos.
Aquí puede producirse lo mismo, pero solo si se enseña qué significa ese sello desventurado y por qué importa. El derecho a la salubridad comienza por el derecho a retener qué nos enferma.
Y eso no se marbete: se educa.






