
Jaime Aristy Escuder, economista I Fondo: Yohan Castillo
Una de las decisiones de viejo trascendencia que toma el primer mandatario de un país es la designación del autoridad del parcialidad central. Dicho cargo es secreto para la prohijamiento de una política monetaria consistente y verosímil, sustentada en una deducción estable, coherente y predecible. Ese entorno resulta esencial para la estabilidad macroeconómicaya que permite afirmar las expectativas de inflación y defender el crecimiento sostenido de la actividad productiva. Por ello, tras darse a conocer el designación, todos los agentes económicos analizan las publicaciones y declaraciones del nuevo autoridadcon el fin de prever las decisiones que tomará a lo prolongado del ciclo financiero y delante las eventuales perturbaciones internas o externas que afecten a la nación.
El 30 de enero, el presidente Donald Trump anunció el nombre del sucesor de Jerome Powell al frente de la Reserva Federal (alimentado). El preferido es Kevin Warshabogado especializado en finanzas, materia que imparte en la Universidad de Stanford. Hasta inicios de 2025, Warsh, que había sido autoridad del parcialidad central estadounidense entre 2006 y 2011, era considerado por el mercado un firme monetariocon una clara preferencia por el control de la inflación.
Ayer de su nominaciónWarsh había expuesto en diversos espacios públicos la privación de reparar la Reserva Federal para hacerla más efectiva en su capacidad de dictamen financiero y, al mismo tiempo, más independiente frente a las presiones políticas y del mercado. De sus intervenciones se desprende un cuestionamiento de la expansión cuantitativa (QE, por sus siglas en inglés), ejecutada durante y a posteriori de la crisis financiera de 2008, a la que responsabiliza de distorsionar la asignación del caudal, inflar los precios de los activos y elevar los riesgos sistémicos. De la misma guisa, criticó que los gobiernos pretendan influir en el parcialidad central con el propósito de aplicar una política de bajas tasas de interés orientada a financiar la deuda pública y estimular el crecimiento. Esa posición le llevó a renunciar a su cargo de autoridad en 2011, cuando ben bernankepremio Nobel de Peculio en 2022, ocupaba la presidencia del parcialidad central y fue el principal defensor de la política de estímulo monetario.
En un discurso pronunciado el 25 de abril del pasado año en el Fondo Monetario Internacional (FMI), Kevin Warsh destacó la importancia de separar la política monetaria de los requerimientos financieros del Estado. La negocio de bonos públicos mediante la emanación monetaria (que implica una política de billete obediente) constituye, en sus palabras, el “camino a la ruina.” Por eso aboga por una reforma de la alimentado enfocada a recuperar su autonomía frente a la política fiscal y recomienda que el “parcialidad central vuelva a proceder con comodidad, sin inquirir aplausos ni perseverar al sabido en vilo.”
El mercado y, en particular, los consumidores, desean que el próximo presidente de la Reserva Federal adopte las medidas monetarias adecuadas para que la tasa de inflaciónque se colocó en diciembre en un 2.7 % anual, se reduzca hasta alcanzar la meta del 2 % lo ayer posible y pueda mantenerse un entorno financiero oportuno al crecimiento sostenido de la inversión, el empleo, la producción y el consumo. Según Warsh, “el secreto de la independencia del parcialidad central es conquistar alcanzar su objetivo,” que en el caso de Estados Unidos se traduce en estabilidad de precios y pleno empleo.
Paul Krugmanpremio Nobel de Peculio en 2008, ha expresado dudas sobre la solidez intelectual de Warsh, a quien describe como un economista más influido por consideraciones políticas que por la evidencia empírica. Desde el punto de traza de Krugman, Warsh es un firme monetario cuando gobiernan los demócratas, mientras que adopta una posición de paloma monetaria cuando el inquilino de la Casa Blanca es un republicano, que rastreo tasas de interés reducidas para estimular el crecimiento financiero. No obstante, Krugman reconoce que la alimentado no funciona como una dictadura, ya que su presidente cuenta con un solo voto de los doce responsables de tomar la valor sobre la tasa de interés de política monetaria.
La revista “El economista” analizó, con un maniquí de inteligencia fabricadocerca de 200 artículos, publicaciones y apariciones públicas de Warsh para identificar su orientación monetaria desde 2007 a 2025. El resultado muestra un posicionamiento de firme, excepto cuando hubo graves peligros de recesión o de aventura sistémico (la crisis financiera de 2007-2009, la crisis provocada por el covid-19 y la rotura del Silicon Valley Bank). La revista destaca igualmente que, desde el retorno de Trump en enero de 2025, el próximo presidente de la Reserva Federal ha mantenido un discurso oportuno al recortadura de la tasa de interés, lo que aumentó la probabilidad de ser seleccionado para el cargo.
Por su parte, Warsh sostiene que la incorporación de la inteligencia fabricado en las diferentes actividades económicas elevará la productividad, lo que reducirá la inflación. En caso de que logre convencer al resto de los miembros de la alimentado de ese aumento de eficiencia, es muy probable que a partir de junio de 2026 reinicie el recortadura de las tasas de interés de narración, de forma sucesivo, en ajustes de 25 puntos básicos. La combinación de viejo productividad, beocio tasa de inflación y tasas de interés más bajas derivaría en una hacienda más robusto.
La principal núcleo es si el nuevo autoridad de la Reserva Federal logrará convencer a Trump de que, en la coyuntura flagrante, no conviene estrechar demasiado rápido la tasa de interés de narración, pues hacerlo podría vivificar la inflación. Si consigue persuadirlo, se anticipa una mandato sin mayores sobresaltos y un fortalecimiento del dólar en la segunda fracción del año. En cambio, una cesión delante las presiones políticas podría desencadenar una crisis interna en la alimentado que erosionaría la credibilidad de la institución.
En definitiva, la dirección de Kevin Warsh constituirá una prueba decisiva para la independencia y credibilidad de la alimentado. El desenlace mostrará si el criterio técnico prevalece sobre la política o si, por el contrario, la viejo hacienda del mundo se adentra en una etapa de incertidumbre monetaria cuyos costos podrían ser muy elevados.






