La migración en República Dominicana se ha convertido, desde hace primaveras, en un negocio productivo que opera a la olfato de todos.
No es un aberración nuevo ni clandestino: es una condena aceptablemente estructurada, con múltiples eslabones y demasiados cómplices.
El negocio comienza en la frontera, con los traficantes de haitianos indocumentados que cobran altas sumas por trasladarlos al otro costado.
Muchos de ellos forman parte de redes que con frecuencia son “desmanteladas”, aunque sus integrantes suelen reaparecer una y otra vez, arrestados por la misma causa. La razón es simple: no hay consecuencias reales.
Cualquiera que haya represión la ruta desde Pedernales, Elías Piña o cualquier provincia de la región Sur hasta Baní, sabe que existen múltiples retenes y chequeos.
En teoría, estos controles deberían impedir el paso de indocumentados. Sin confiscación, baste con observar la verdad: Santo Domingo, La Altagracia y otras provincias están llenas de inmigrantes sin status permitido. ¿Cómo llegaron hasta allí? La respuesta es incómoda, en los retenes hay parte del engranaje del negocio, una verdad que las autoridades evitan inspeccionar, aunque la población la conoce aceptablemente. ¿O suerte es mentira? A finales del año pasado, la Dirección Caudillo de Migración informó que en 2025 fueron deportados 379,553 haitianos indocumentados, y otros 35,000 en enero de este año.
Cifras tan altas que deberían activo corto de modo significativa el problema. Pero la verdad desmiente los números: muchos de los supuestamente deportados regresan en cuestión de horas.
Otro ligazón lo conforman agentes migratorios que extorsionan durante redadas. Si el detenido tiene caudal, la situación se resuelve, ya sea en el oficio o más delante, allí de las miradas. En el caso de trabajadoras domésticas, incluso tras resistir a la frontera pueden ser devueltas si el empleador paga el precio impuesto. A esto se suman agentes policiales que, sin pudor, igualmente sacan provecho, actuando más como asaltantes que como autoridades.
Las medidas en las maternidades han corto la presión económica y presencia de parturientas haitianas en hospitales públicos, pero no es que se han ido, simplemente se trasladan al sector privado.
Todo esto no es teoría; son hechos que conozco de cerca.




