Por Luis Ruiz
El mundo que conocemos, ya no es el mismo. Le han cambiado sus paisajes naturales, sus ritmos, sus formas de conectar. El hombre es el que lo está cambiando con la tecnología vía internet, transformado la guisa profunda la forma y acelerada de comunicamos y trabajamos. Las fronteras físicas se han vuelto borrosas, mientras las fronteras digitales se expanden sin meta, como la inteligencia químico, los teléfonos inteligentes, la robótica y la automatización, han cambiado empleos, industrias y relaciones sociales.
Hoy, casi todo puede hacerse en término: desde una videollamada hasta una cirugía asistida por autómata. Los títulos igualmente se transforman, porque lo que está prevaleciendo tanto por los medios como personal, son los tatuajes, uso de vulgaridades en la comunicación y las vestimentas extravagantes con el fin de nombrar la atención. En medio de avances deslumbrantes, surgen nuevas preguntas sobre identidad, propósito y comunidad.
¿Qué está pasando?
Que, por el posibilismo del hombre, el planeta tierra, nuestro único hogar, enfrenta una crisis provocada no por fuerzas naturales, sino por el propio ser humano. La deforestación masiva, la contaminación de los mares, el vendaval cargado de emisiones tóxicas, y el uso exorbitante de los capital, revelan una verdad incómoda. Hemos priorizado la hacienda con la explotación minera y otros capital naturales por parte de empresarios inescrupulosos. ¡Son egoístas!
Cada año desaparecen millones de hectáreas de bosque, muchas veces para avituallar industrias que no contemplan la regeneración. Los océanos están llenos de plástico, mientras especies enteras desaparecen sin que lo notemos. El cambio climático ya no es una predicción: es una ingenuidad que se manifiesta en tormentas más intensas, sequías prolongadas, y temperaturas extremas.
Pero lo más preocupante, no es solo el daño que hemos hecho, sino la indiferencia que lo acompaña. Donald Trump ha expresado durante abriles una postura escéptica frente al cambio climático. Dijo que el cambio climático es “el anciano patraña de todos los tiempos”. “el calentamiento total no está funcionando” y que “el planeta se ha enfriado”; por eso, retiró a Estados Unidos del Acuerdo de París en 2017, debilitando los esfuerzos internacionales para cercar el calentamiento total.
Trump promovió la expansión de la industria de combustibles fósiles, incluyendo perforaciones masivas de petróleo y gas, redujo regulaciones ambientales esencia, como las que limitaban emisiones de carbono y protegían el agua y el vendaval; adicionalmente, recortó fondos a agencias como la NOAA y la FEMA, afectando la capacidad de respuesta delante desastres climáticos. Expertos advierten que las políticas negativas ambientalistas de Trump, podrían añadir 4.000 millones de toneladas de emisiones hasta 2030, lo que dificultará alcanzar los objetivos climáticos globales.
Queda demostrado que el hombre por indiferencia, es quien está dañando el mundo. Sin conciencia, sin hecho, sin cambio, estamos hipotecando el futuro de las próximas generaciones. Hoy, más que nunca, necesitamos mirar el mundo con luceros nuevos. No para gemir lo perdido, sino para registrar lo aprendido y construir lo que viene. Porque el cambio, aunque desafiante, igualmente es una puerta abierta.
Debemos proteger al mundo frente a la descomposición social; es una tarea compleja que exige la décimo de todos los sectores: gobiernos, sociedad civil, tribu, medios de comunicación, instituciones educativas y cada individuo. Ha llegado el momento de repensar cómo habitamos este mundo. De sobrevenir del consumo a la conservación. De interpretar con necesidad, porque la Tierra no puede esperar.






