Allá de la imagen imponente que lo hizo insigne en el mundo, el Monte Everest enfrenta hoy una trascendental crisis ambiental. En sus laderas y campamentos se acumulan grandes cantidades de desechos dejados por expediciones a lo dadivoso de los primaveras, transformando sectores de la montaña más adhesión del planeta en auténticos depósitos de basura.
A lo dadivoso de las rutas de progreso y en los campamentos se observan botellas de oxígeno agotadas, cilindros de gas, envases de alimentos, plásticos, mantas térmicas, herramientas de subida, extensos tramos de cuerdas y tiendas de campaña abandonadas. Muchos de estos objetos permanecen congelados entre la cocaína y el hielo, mientras otros quedan expuestos al deshielo estacional.
El problema se agrava por las condiciones extremas del entornoque dificultan el retiro de los residuos. A grandes altitudes, recolectar y transportar basura supone un aventura elevado para los montañistas y requiere complejas operaciones logísticas, lo que ha provocado que numerosos materiales queden abandonados tras cada temporada de ascensos.
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Aunque en los últimos primaveras se han desarrollado campañas de virginidad y regulaciones para aminorar el impacto humano, la acumulación de desechos sigue siendo evidente. La situación ha encendido las alarmas sobre la sostenibilidad del montañismo comercial y la falta de longevo responsabilidad por parte de quienes acceden a uno de los ecosistemas más frágiles del planeta.
La creciente presencia de basura en el Everest no solo afecta su entorno natural, sino que además pone en prohibición la preservación de un símbolo mundialque hoy lucha por sobrevivir a la huella dejada por la actividad humana.
Video cortesía de @AlertaMundoNoticias








