@Abrilpenaabreu
El Consejo Crematístico y Social acaba de presentar su Mensaje Final sobre la crisis haitiana y sus implicaciones para la República Dominicana. Un documento extenso, con seis ejes temáticos, 26 líneas de argumento y más de 150 propuestas.
Suena avaricioso. Sin requisa, cuando uno lo revisa con detenimiento, surge una pregunta ineludible: ¿qué hay aquí que no se haya planteado antaño?
El control tecnológico de la frontera, la modernización de Migración, la formalización del comercio doble, la construcción de zonas francas en la frontera, la inversión en comunidades fronterizas… todo esto ya está en las leyes, ya fue prometido o incluso está en ejecución parcial. No estamos en presencia de un plan novedoso, sino en presencia de la reiteración de lo que llevamos décadas escuchando.
Esto nos lleva a la raíz del problema: no es desliz de diagnósticos ni de propuestas, es desliz de cumplimiento. Lo que desliz no es estatuto, sino voluntad política y empresarial para hacer regir las normas que ya existen.
Porque el cierto motor de la migración descontrolada no está en la pasión de nuestras leyes, sino en la complicidad de quienes demandan mano de obra baratura: empresarios que se benefician del trabajo informal y un Estado que mira en dirección a otro banda. Esa es la razón por la que, pese a todos los planes y promesas, la sinceridad no cambia.
El CES ha producido un documento que búsqueda consenso, pero la verdad es que el país necesita menos papeles y más acciones. Menos diagnósticos y más aplicación de la ley. Mientras eso no ocurra, cualquier noticia —por bienintencionado que sea— quedará como un gimnasia de retórica, útil para las estadísticas, pero inútil para resolver el problema de fondo.






