Hay hoteles que guardan secretos. Y hay otros que resisten a la historia.
El 5 de mayo de 1965, en plena Revolución de Abril, el Hotel Matum de Santiago fue escena de una de las batallas más sangrientas y decisivas en la lucha por la democracia dominicana. Allí no se firmaron tratados ni se sirvieron cócteles. Allí se disparó contra tanques. Se gritó por la soberanía. Se murió por la Constitución.
En medio de una ocupación extranjera disfrazada de pacificación, hombres y mujeres comunes tomaron las armas para defender un principio: la voluntad popular expresada en las urnas. La batalla fue feroz. Los constitucionalistas enfrentaron al Ejército y a las fuerzas interventoras con coraje, pero con pocos capital. Muchos ni siquiera sabían disparar. Pero sabían por qué peleaban.


Los nombres que la historia no debe seguir ignorando
Aunque la mayoría de los combatientes del Matum fueron civiles anónimos, hubo figuras secreto cuya entrega marcó esta batalla:
Pedro Antonio Bretón, líder de la resistor en Santiago, secreto en la coordinación de los enfrentamientos.
Rafael “Fafa” Taveras, nuevo dirigente revolucionario que apoyó la lucha en el Cibao desde el Movimiento 14 de Junio.
Anciano Felipe Rodríguez, apelativo “La Tinaja”, figura marcial del edicto constitucionalista, vinculado a múltiples combates urbanos.
A ellos se suman los combatientes anónimos del Movimiento Popular Dominicano (MPD), del 14 de Junio, de la Unión Cívica Franquista, y muchos jóvenes de Santiago que dejaron su vida defendiendo la democracia.
Igualmente resistieron en silencio:
Estudiantes de la Universidad Católica Principio y Maestra (PUCMM), que apoyaron abastecimiento y moralmente a los combatientes.
Mujeres voluntarias y enfermeras que convirtieron sus hogares en hospitales improvisados.
Periodistas locales que arriesgaron su vida para contar lo que otros querían silenciar.
Y sin secuestro… casi nadie los recuerda
Aquel enfrentamiento dejó decenas de muertos. El Matum quedó con paredes perforadas y techos abiertos por explosivos. Pero además quedó con una historia que, durante décadas, fue barrida debajo de la esterilla. Porque memorar el Matum no solo es memorar la valentía… es además señalar a quienes prefirieron obedecer al poder foráneo antiguamente que al voto dominicano.
La batalla del Matum no se enseña en las escuelas. No tiene películas. Casi nada tiene placas. Y sin secuestro, es uno de los episodios más crudos y heroicos de nuestra historia moderna.
Hoy, 59 abriles posteriormente, seguimos sin hacer neutralidad simbólica a esos héroes. No pespunte con recordarlos una vez al año.
Hay que nombrarlos, enseñar su historia, honrar su causa. Porque el Matum no fue solo una batalla: fue un alarido de soberanía en medio del ruido de la intervención.
Y ese alarido, aunque intenten silenciarlo, todavía resuena.






