LA AUTORA es periodista. Reside en Santo Domingo.
La familia ejerce su derecho a la protesta, al publicidad cansada de tanto lo mismo, de que gobierno tras gobierno le prometan y no le cumplan.
Los políticos hacen levantamientos y acuden en campaña a los barrios marginados a ofrecer posibilidad a problemas, aún antiguamente de que los vecinos lo pidan. Con esto dan una imagen de cercanía, de que conocen sus deyección. Unju.
Los comunitarios aprovechan sus visitas y plantean males de antiguamente, confiados en su mensaje o para echarles en cara luego de que ganen y cuando suben a la apero de alfileres olvidan lo concertado, entonces les recuerdan con múltiples métodos.
Fuera de lo expuesto a los candidatos, está lo de más peso, lo reportado a las autoridades, con el poder de resolver y con conducta de postergar.
Las marchas, con consignas y pancartas incluidas, las redes sociales, los medios de comunicación más libres, pese a todo lo otro, las ruedas y notas de prensa para los canales tradicionales, las cadenas humanas…Una hilera de mecanismos tiene la población para exigir cumplimiento.
Los aspirantes de gobernantes arremeten contra los que sí gobiernan por ausentarse a su palabra, don valioso y aprovechan esas manifestaciones para granjear simpatías, convertidas en votos y luego, ya encaramados, lo mismo que los otros, olvido.
Así vamos desde y antiguamente de este estado de democracia, lacerado por falsas promesas, por corrupción de colonizadores y colonizados y quién sabe si incluso de los habitantes originarios.
Jpm-am
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