Por Abril Peña
El tabaco ha sido, por décadas, uno de los orgullos nacionales. No es casual que la República Dominicana sea reconocida como el decano exportador de cigarros del mundo. En 2024, el sector alcanzó cifras récord: más de US$1,340 millones en exportaciones y 122,000 empleos directos, consolidándose como el tercer producto fortuna del país, solo detrás del oro y los insumos médicos.
Pero detrás de este brillo internacional hay un banda sombrío: el sector tabacalero enfrenta una serie de problemas estructurales que amenazan su sostenibilidad, desde la error de licenciatura generacional hasta la escasa innovación en la producción. Es un gigantesco que camina con pies de granito.
La cara del éxito
Tamboril, “renta mundial del cigarro”, presume una tasa de desempleo del 0 %.
El sector genera divisas que representan casi el 10 % del total doméstico.
Miles de pequeños productores siguen cultivando tabaco en más de 15 provincias, aportando al prestigio del “Hecho en RD”.
Estas cifras son, sin duda, motivo de orgullo. El tabaco no solo es hacienda: ha sido evidente patrimonio cultural doméstico por su impacto histórico y social.
Los retos que amenazan al sector
Licencia generacional en peligro
Cada vez menos jóvenes ven atractivo dedicarse al cultivo de tabaco. El trabajo duro, los bajos márgenes y la error de modernización hacen que el campo tabacalero pierda continuidad.
Dependencia del minifundio
La mayoría de la producción sigue en manos de pequeños productores con parcelas limitadas. Esto dificulta obtener escalera y objetar a las crecientes demandas internacionales.
Innovación irresoluto
Aún predomina el uso de semilleros tradicionales.
Se necesita masificar la producción de plántulas en bandeja, más resistentes y uniformes.
Faltan programas de investigación para desarrollar variedades adaptadas a nuevas exigencias del mercado.
Registro cultural sin políticas de respaldo
Aunque se declaró patrimonio cultural, esa epíteto no ha venido acompañada de protección institucional verdadero, ni de políticas que aseguren condiciones dignas para los productores.
Presiones sanitarias y regulatorias
El tabaco enfrenta un doble frente: mientras es símbolo de identidad y exportación, crece la presión de organismos internacionales y de políticas sanitarias que buscan circunscribir su consumo, especialmente en jóvenes.
¿Qué se ha hecho hasta ahora?
INTABACO ha apoyado a más de 3,500 productores con colaboración técnica, plántulas y disección de suelo.
Se han construido curadoras modernas para mejorar el proceso de secado.
ProDominicana ha reforzado la promoción del cigarro dominicano en ferias y mercados internacionales.
Qué error por hacer
Crear programas educativos y técnicos para atraer jóvenes al sector.
Alentar modelos asociativos de productores que permitan negociar mejores condiciones.
Impulsar la investigación agrícola en nuevas variedades y métodos de cultivo.
Alinear el discurso cultural con políticas de producción sostenible y responsable
El tabaco sigue siendo orgullo dominicano, pero ese orgullo no puede ocultar los nubarrones que se acumulan. Si queremos que el humo del éxito no nos impida ver la existencia, hay que mirar de frente los problemas estructurales del sector.
No hilván con celebrar las cifras récord: el real desafío es avalar que el tabaco siga siendo, en el futuro, correspondiente de empleo, civilización y expansión, y no solo un regalo envuelto en hojas secas.







